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El taller estuvo a cargo de
Froylán Ricardo Argandoña, restaurador de arte y además incansable
investigador gastronómico en constante actualización, y escritor de varios
libros de cocina.
Para este investigador, lo
más determinante en la cocina boliviana es la región de donde provenga, pues
los sabores los establece la zona geográfica, por ejemplo: la zona andina en
la que predomina la cocina prehispánica, la zona de los valles, con los
cereales tipo cebada y los llanos, donde destacan la ganadería y el maíz.
La charla de Argandoña se
concentró en explicar los usos y componentes alimenticios de productos como
la quinua, un semi cereal cargado de nutrientes, con el cual se pueden
preparar variadas recetas como refrescos, ensaladas, sopas, pasteles, o
comerse simplemente con leche, como un cereal común. De hecho, la quinua ha
sido uno de sus principales objetos de estudio, y además de investigarlo, ha
propiciado una serie de diálogos en distintas instituciones sobre la quinua.
También ejemplificó casos
con la papa. Específicamente, se refirió a la papa deshidratada, la cual
se puede conservar por largo tiempo, coincidiendo con la exposición de
Gloria Hinostroza en el taller de cocina peruana. Explicó que a la papa
se le elimina la humedad y se almacena durante un año, y dos o tres
horas después, en agua tibia recupera su tamaño normal. Así se prepara
como entrada, con queso y huevo.
También se refirió a la sopa
chairo, una sopa clásica de La Paz, que lleva carne y es de años de
tradición en Bolivia.
Los conocimientos de
Argandeña, contribuyeron a la formación de todos los participantes que
estuvieron aprendiendo cada día sobre las cocinas tradicionales de
distintos países latinoamericanos.
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