(Prensa UNEY-Anairene Asuaje).- Miguel Otero Silva fue el autor que inauguró las tertulias en el Café lectura de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY), actividad promovida por la fundación La Comuney y la biblioteca Elisio Jiménez Sierra de esa institución, con la intención de acercar a toda la comunidad a la lectura, mediante agradables conversaciones acompañadas de café.
El rector, Freddy Castillo Castellanos dirigió la amena plática, en la se que se paseó por la trayectoria de este escritor venezolano, conocido en diversas áreas como la novela, el periodismo, la poesía y el humor, y quien cumplirá su centenario en el mes de octubre. Castillo Castellanos considera que todos los lectores de literatura venezolana recuerdan a Miguel Otero Silva, sobre todo por su capacidad de contar la historia del país y reflejar diversas crisis sociales y políticas, mediante sus extraordinarias novelas. La dictadura, el paludismo, la delincuencia, el comunismo, la explotación del petróleo, el inicio de la democracia, son sólo algunos de los temas que se pueden encontrar magistralmente relatados en obras como Fiebre, Casas muertas, Oficina número 1 o Cuando quiero llorar no lloro, e incluso, en poemas como Niño campesino, calificado como uno de los versos sociales más importantes en Venezuela.
“La madurez literaria de Miguel Otero Silva se fue manifestando progresivamente en sus obras. Y esa madurez era proveniente del periodismo con garra que tuvo la dicha de practicar en su propio periódico, El Nacional. Le propinó la soltura al narrar, la destreza en la prosa”, afirmó el rector, indicando que allí desarrolló un trabajo periodístico de calidad intelectual y cívica sin precedentes ni sucesores en el país.
Agregó: “Vivió los mayores momentos de gloria de El Nacional, con una resistencia intelectual en la época de Pérez Jiménez y en el inicio de la democracia, enfrentamientos económicos y hasta un boicot de sus propios anunciantes que presionaron para sacarlo de la dirección del diario”.
La obra periodística de Otero Silva fue tan destacada en El Nacional, que se le podía leer en todas las secciones porque escribía manchetas, artículos de opinión, crónicas sociales y deportivas, hacía entrevistas a grandes personalidades –como aquellas históricas de los presidentes de la república que salían de su cargo -, lo que le hacía “jugar en todas las posiciones”, como señalara Castillo Castellanos.
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También se recordó su importante faceta como humorista, que comenzó en las publicaciones El morrocoy azul y Fantoches, y que continuaron en obras como Un morrocoy en el infierno, Sinfonías tontas y Las celestiales –libro prohibido por la iglesia en su época-. “Era muy ingenioso echando mano a las cosas cotidianas. Inventaba chistes y poesías con rimas graciosas en diferentes momentos. Su gran humor era producto de su simpatía arrolladora y muchas veces taró de solventar ciertos problemas sociales, con el aporte de un texto humorístico.”
El rector igualmente evocó diversas anécdotas de la vida del autor, como episodios vinculados a su amistad con grandes de la literatura como Nicolás Guillén, Pablo Neruda y Gabriel García Márquez, así como el momento en el que tuvo la oportunidad de conocerlo cuando Castillo Castellanos estudiaba derecho en la Universidad Central de Venezuela, y lo invitó a compartir una clase en la que debatirían el aspecto delincuencial de Cuando quiero llorar no lloro, y su grupo recibió felicitaciones del propio Otero Silva por su nivel literario.
Estudiantes, docentes, personal administrativo de la UNEY y público general compartieron sus anécdotas y textos, contando con la participación en el público del poeta Ramón Avendaño y el periodista Cruz Ramón Galíndez, quienes también manifestaron sus historias relacionadas con el escritor. Se estima que Café lectura se realice una vez al mes en la biblioteca Elisio Jiménez Sierra de Guama, con autores, textos e incluso, invitados especiales que enriquezcan el debate literario en la UNEY.
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