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Los
instructores fueron Ramiro Delgado, Rufa Herrera y Andrés Vera, y tuvieron
la particularidad de representar mediante diversos platos típicos, la fiesta
de San Pacho, una fiesta patronal muy importante en Colombia, en la que
quisieron involucrar a los participantes para mostrarles cómo la comida es
el alma de la celebración.
El menú estuvo compuesto, en
primer lugar, por sancocho de carnes con res ahumada y cerdo ahumado.
Ensalada con papa, yuca, plátano, cebolla, culantro, tomate, perejil y
orégano. Además de “la picada” que se compone de patacones de plátano,
longaniza, queso costeño y pescado ahumado.
Con su propuesta, no
quisieron solamente traer una receta y unos ingredientes, sino envolver
a la gente en ese hecho cultural tan importante. La señora Rufa,
cocinera de gran experiencia en hoteles, restaurantes e instructora en
el laboratorio gastronómico de la Universidad de Antioquia, señala al
respecto: “Esa es una gran fiesta en la que todo el mundo está bailando,
y disfrutando de un sabor con un pedacito de esto, y luego con un
pedacito de lo otro, y come y toma miche, y aunque esté bailando,
disfruta de la comida, simultáneamente. Después de un rato que todos
estén prendidos, se hace el sancocho y para el amanecer se vuelve otra
vez con la picada y fritangas que uno consiga por ahí”.
Por su parte, Delgado
comenta que esta es la primera vez que presentan un taller de esta
manera. La vez anterior que estuvieron en Venezuela para el segundo de
estos encuentros en Santa Ana de Coro, también trajeron comida
relacionada con otra historia de Colombia, pero no habían hecho una
experiencia como esta.
Mientras sirvieron la picada, acompañaron con un destilado y luego,
entraron al plato fuerte como en la fiesta, cuando a la media noche,
mientras todos quieren reabastecerse de energía, sirven el sancocho, y
esa es precisamente la estructura que le dieron al taller. Seguidamente,
vinieron la sobremesa y el postre. La primera, estuvo compuesta de un
fruto de palma llamado chontaduro y el borojó, que es una fruta. Van
mezclados y acompañados del postre que es una cocada y una “cuca”, un
pan dulce negro, similar a los de aquí.
Ramiro Delgado es decano de
la facultad de ciencias sociales y humanas de la Universidad de
Antioquia y fundó el laboratorio de gastronomía en el departamento de
antropología. Señala que desde allí, el laboratorio, es como una
posibilidad de que los estudiantes pongan en evidencia la práctica de la
cocina. “En el laboratorio somos muy polifacéticos porque éste es
concebido como un proyecto institucional que se llama <de país en país>.
Semestralmente, desde relaciones internacionales se escoge un país, una
región o una zona del mundo y sobre eso se hace la investigación para
permitirle a los asistentes a esos talleres vivir un poco más allá de la
receta, por eso queremos reconstruir el imaginario que sobre los países
está, diferente al de las cadenas globales. Entonces ahí rotan
estudiantes, colegas, esperando que se conviertan en un verdadero y
concentrado grupo de investigación”.
Todavía no han invitado a
Venezuela a “de país en país”, sin embargo, Venezuela ha estado muy
cerca de sus experiencias personales por trabajos anteriores se que han
compartido en conjunto, así como con amigos que tienen acá. Los tres
confesaron su debilidad por las arepas. Delgado se declaró “enfermo por
la reina pepiada”. La señora Rufa expresó su preferencia por la arepa
con queso, mientras Vera, manifestó su favoritismo por las caraotas,
sobre todo las cosas de dominó y todas las versiones de reina pepiada.
Destacaron la presencia en
el taller de lo ahumado y lo salado, como algo bien significativo porque
históricamente ha sido la respuesta a la protección y a poder comer la
carne nuevamente. Delgado, comenta: “Es bien interesante cómo en la zona
del pacífico colombiano, y en muchas partes, el ahumado y el salado, son
como la posibilidad de comer más carnes independientemente de la
refrigeración. Y el otro producto es la longaniza chocoana que tiene una
serie de elementos, tanto de las especias como de lo ahumado. A El Choco
lo atraviesa un río muy importante que es el río Atrato, por donde
viajaron muchos inmigrantes sirio-libaneses, chinos, etc., y hay una
presencia de contactos culturales, porque la longaniza también tiene
eso: la conservación, el ahumado, las especias, que indudablemente se ha
involucrado y me imagino que aquí en Venezuela para las poblaciones
afro, el condimento es muy importante”.
Andrés Vera es estudiante de
antropología en la Universidad de Antioquia y pertenece al grupo de
estudiantes del laboratorio de gastronomía. Actualmente trabaja en su
tesis, titulada “Persistencias, cambios e innovaciones en hábitos
alimentarios en el municipio de Andes, Antioquia”, sobre qué comen los
niños y qué pasa con las memorias de los mayores en ese municipio. En
cuanto a lo presentado en el taller, indica que el plato que prepararon
es muy relevante, y la historia lo ha posicionado a partir de
determinado momento. “Quisimos mostrar también en la reproducción del
ritual de la fiesta, el contacto con el licor. Por eso trajimos tragos
como miche, vinete y balsámica que son frascos con muchas hierbas, a los
que les va echando su destilaje. El vinete es el residuo de lo que ya
destiló del miche, se le agrega canela y otros ingredientes que son
pensados inicialmente para la cocina pero, pero mira qué bien se
combinan con un licor. Las traemos hechas porque la preparación requiere
de mucho tiempo”.
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