En el CIG-UNEY de San Felipe

Especialistas en cocina de cinco países debatieron sobre cultura, la gastronomía y su enseñanza

(Prensa UNEY – Anairene Asuaje).- Los cocineros especialistas de los Talleres de Gastronomía Tradicional que se impartieron durante el VII Encuentro para la Difusión y Promoción del Patrimonio Inmaterial, dictaron un foro sobre sus costumbres gastronómicas, la cultura de sus países y la transmisión y enseñanza de los saberes culinarios.

 

Cocineros de América Latina se reunieron en San Felipe

       

 

 

 
 
 
 

 

 

 

 

Un foro tan exquisito como todos los platos preparados durante sus talleres, una especie de paseo latinoamericano que se dio -como dijo su moderador, Alberto Soria- en cinco acentos diferentes.

Los jardines del Centro de Investigaciones Gastronómicas de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (CIG-UNEY), recibió las ponencias de Froylán Argandoña de Bolivia; Ramiro Delgado, Rufa Herrera y Andrés Vera de Colombia; Edmundo Escamilla y Yuri de Gortari de México; Gloria Hinostroza de Perú; Rosa Bosch y Juan Alonso Molina de Venezuela. Se contó con la moderación de uno de los escritores de gastronomía más respetables del país, Alberto Soria, y una intervención de instalación a cargo del Rector de la UNEY, Freddy Castillo Castellanos.

Soria afirmó que este tipo de eventos son una deuda que se tiene con la sociedad, sobre todo ahora que la gastronomía no se vincula con los sentimientos ni con los estilos de vida de los pueblos, como debería ser, por lo cual, ahora se perciben cocinas sin caricias, mesas sin inteligencia y sobremesas sin historias. Esta sentencia ratificó la esencia del amor por la cocina que se divulga en las aulas y cocinas de clase del espacio académico Ciencia y Cultura de la Alimentación de la UNEY.

Justamente del amor al fogón y a lo que se hace en la cocina, partieron las ponencias de los colombianos, quienes coincidieron en ser cocineros desde niños, inspirados en sus madres. Explicaron sobre sus métodos de enseñanza en el laboratorio de comidas y culturas que Delgado dirige en la Universidad de Antioquia, en el que se comienza por el contexto visual y simbólico como una puesta en escena y no por las recetas e ingredientes, ya que consideran que lo más importante es ubicarse en la cultura.

Por su parte, el boliviano Argandoña destacó como punto principal de su exposición, las zonas geográficas de su país, puesto que cada una produce distintos productos alimenticios, de los cuales se desprende no sólo una utilidad que puede ser múltiple, sino también una historia que transmitir.

Yuri de Gortari y Edmundo Escamilla de México tuvieron una participación con mucho humor, en la que expresaron que tal como lo indica el viejo refrán, “somos los que comemos”, y por lo tanto, debemos reflexionar en lo que enseñamos a comer y qué es lo que se transmite a las nuevas generaciones, y que si existe un patrimonio inmaterial, es precisamente el gastronómico.  Escamilla manifestó estar muy sorprendido con la labor y las propuestas de la UNEY, señalando que en estos días se necesitan carreras más prácticas que las tradicionales de derecho o ingeniería, y es precisamente lo que se hace en esta universidad.

Gloria Hinostroza, relató varios pasajes de la historia Inca, un gran imperio dorado, que domesticó plantas inservibles como la papa para convertirlos en productos de gran contenido sustancioso, confirmando que su gente y su gastronomía son el resultado de miles de años de vivencias de sus antepasados. También se refirió a la pasión por lo que se hace en la cocina y por la enseñanza de la gastronomía, puesto que enseña en la escuela Cordon Bleu de Lima.

Los venezolanos Rosa Bosch y Juan Alonso Molina, como anfitriones, cerraron el foro. Bosch reveló su alegría al ver el público lleno de gente joven, y resaltó la función de encuentros de este tipo, al considerar que les elevan la autoestima a los pueblos, reconociendo sus propias costumbres, tantas veces apartadas. Promovió la investigación en las regiones de nuestro país para conocer la diversidad con la que se cuenta aquí, así como su historia, ya que la historia de un pueblo es la historia de su cocina, y viceversa.

Por último, Juan Alonso Molina afirmó que la cocina popular “sabe mucho y sabe a mucho”, e impulsó a todos los presentes a comenzar por reconocer las técnicas de cocina regional, antes de querer especializarse en cocinas de otros lugares, y que eso debe contemplarse en todos los programas de estudio en el área gastronómica. También se refirió a la necesidad de recuperar los mercados agrícolas para sostener el patrimonio y tener la alcance los productos autóctonos. Finalmente aseveró que si la gastronomía no mejora la vida de la gente, no sirve para nada.

 

 

 
 

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