Desde distintas visiones de América

La soberanía alimentaria se discutió en la UNEY

 
   
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Ponenetes de distintas nacionalidades estuvieron en el foro. De izquierda a derecha Daniel Niles, Michéle Mesmain, Anabel López, Magda Choque y Andrea Méndez  

 

(Prensa UNEY-Anairene Asuaje).- Diversos trabajos sobre la alimentación en distantes puntos del continente americano, fueron expuestos en el foro Soberanía Alimentaria, celebrado en la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY), como parte del cronograma del I Festival Internacional de Gastronomía que se realiza en todo el país.

Moderado por la coordinadora del espacio académico Ciencia y Cultura de la Alimentación, Anabel López, el foro tuvo como ponentes a Daniel Niles de Estados Unidos, Michéle Mesmain de Italia, Magda Choque y Andrea Méndez de Argentina.

Cada uno, relató las historias y anécdotas de su trabajo en favor de la soberanía alimentaria en sus países, y proporcionaron herramientas sobre cómo disponer de lo que se tiene e identificarse con ello.

Daniel Niles ha estudiado las políticas de la producción y el consumo de alimentos, y se refirió a la necesidad de trabajar una agricultura sustentable por una justicia social y mejor salud pública. Considera que en cada lugar es importante tomar en cuenta la cantidad de tierra cultivada y de los alimentos que se producen, para determinar cuántos en realidad se consumen.

Instó a los estudiantes a realizar buenas investigaciones sobre el consumo y el malgasto de alimentos, tratando de indagar cuánto de daña y se bota, mientras explicaba que la demanda se deriva del consumo, y éste, se deriva de la producción. También invitó a sembrar en los jardines, lo que garantiza una soberanía alimentaria, rica en nutrientes por mantener la naturalidad, sin productos químicos.

 
   
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Michéle Mesmain se mostró complacida con el convenio entre la UNEY con Slow food  

 

Michéle Mesmain abordó el concepto de “Slow food” que se maneja desde hace 21 años como contraparte de lo que en el mundo entero se conoce como “fast food”, gracias a un movimiento que surgió en Italia y que actualmente agrupa a 80 mil miembros en 130 países. Pero además, el slow food procura mejorar la calidad de vida, propiciando la convivencia, la comida en familia, el hecho de comer sin apuros disfrutando los alimentos.

Se trata de una asociación eco gastronómica que difunde el consumo consciente de los productos alimenticios y el patrimonio culinario. Además de actividades de promoción en distintas partes del mundo, trabajan con la Universidad de las Ciencias Gastronómicas, donde se tratan temas agroalimentarios y de cocina, pero no tiene como fin enseñar a cocinar, sino a degustar y analizar los protocolos culturales de exportación en cuanto a alimentación, así como problemas sociales. Esta sinergia que revela Slow food con el espacio Ciencia y Cultura de la Alimentación de la UNEY, fue oportuno para recordar que esta casa de estudios firmó un convenio de cooperación con el presidente del movimiento, Carlo Petrini, con el fin de establecer un protocolo de acuerdo para proteger la biodevirsidad alimentaria, las características originarias de los productos, entre otros aspectos. Mesmain aseguró que con los frutos obtenidos con esta actividad se comenzó a dar vida a ese convenio.

Concluyó su intervención con la cita “Es necesario soñar un mundo mejor para poder tenerlo”, evidenciando el compromiso que tiene con el movimiento, en busca de mejores condiciones de vida para todos.

 
   
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Magda Choque fue muy aplaudida por su intervención y su trabajo por la comunidad  

 

Por su parte, Magda Choque, concentró su exposición en explicar la forma en que aprovechan lo que producen en su localidad: la provincia de Jujuy, al norte de Argentina. Relata que debe enfrentar la lucha de que los nativos del lugar sean considerados argentinos, puesto que muchas veces ni sus propios paisanos los reconocen como tales. Así, su condición de ingeniero agrónomo le dio las herramientas necesarias para conocer los alimentos desde la tierra y emprender una labor por su comunidad, con la que trabaja por recuperar los valores, la pertenencia y apostar por los recursos que se tienen.

Asegura que con la variedad de productos que se dan en lugares como Los Andes, sólo se requiere imaginación y creatividad para cocinar, y a través de ese par de elementos, fomentar la identificación con los productos autóctonos desde la niñez para evitar que se conozcan más los de afuera, procurando el arraigo e identificación de quienes nacen en esas tierras.

Ha desempeñado un trabajo importante en pro de la papa, con el nombre de “Semillas sagradas”, con la intención de recuperar la base de una cultura. Como docente universitaria que también es, expresó que en este caso, las universidades son facilitadoras de procesos para la comunidad.

Choque trabaja en conjunto con la periodista Andrea Méndez, quien se confiesa “urbana” por haber nacido en Buenos Aires, pero seguidora de las costumbres de la montaña, al punto de tener su propio huerto en casa. Presentó un documental sobre las “Semillas sagradas” que muestra la forma en que los habitantes de Jujuy cultivan y aprovechan cada uno de sus productos para su beneficio cultural, alimentario y económico.

 

 

 
 
       

 

 

 
 
 
 

 

 
 

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