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En el estudio se analizó la
política del Ministerio de Cultura y su único programa para el desarrollo de
este sector, el cual se llama “Música para la Convivencia” y tiene como
propósito invertir dos mil millones de pesos en la compra de instrumentos
que se distribuyen en los municipios de menores estratos sociales.
El mensaje de este programa
es: “Cuando un niño abraza un instrumento musical, jamás empuñará un fúsil
contra el prójimo”.
Éste fue uno de los casos expuesto por Miñana, quien cuestionó el uso
instrumental de la cultura sobre la base de la solución de un conflicto que
consume, desde hace años, a esta nación.
La situación llega al
extremo de que el Estado sólo financia los proyectos que tienen como
etiqueta “promover la convivencia”, lo que ha originado que “muchos
grupos para sobrevivir han tenido que asumir este mensaje aún cuando su
propósito directo no sea éste. De esta manera el gobierno colombiano
incide en la libertad del artista, atizando el conflicto”.
A manera de ejemplo se
analizaron 54 experiencias de agrupaciones sociales, instituciones
públicas y privadas del país vecino que han orientado su trabajo hacia
la “convivencia”.
A juicio del profesor
colombiano el arte y la violencia pueden convivir perfectamente, sin
necesidad de que una éste supeditada a la otra. “Para mí, el arte es un
medio para comunicarnos. A través de éste podemos generar más odio, más
armonía, etc”.
Para enfrentar la cruda
situación, Miñana propone que se apoyen propuestas que fomente la
ciudadanía y formen a los niños y adolescentes para el presente y no
para el futuro, así mismo insta al gobierno de su país a explorar nuevas
experiencias más allá de la utilidad ideológica y política. |