(Prensa UNEY-Anairene Asuaje).- Homenajear la vida y obra de Mercedes Sosa y celebrar la declaratoria del tango como patrimonio cultural de la humanidad, fueron los motivos de reunión del Café lectura Yo vengo a ofrecer mi corazón, que con un grato y ameno encuentro se celebró en la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY), con la presencia de su personal docente, administrativo y obrero, estudiantes, músicos y público general.
El vicerrector José Luis Najul destacó la importancia de compartir momentos como este en la universidad, fuera de la actividad exclusivamente académica, para vivir experiencias enriquecedoras como el hecho de festejar la música latinoamericana. Expresó que para la UNEY -desde sus inicios gran defensora del patrimonio inmaterial- es sumamente significativo este reconocimiento al tango como canto popular, estimulando la preservación de la memoria de los compositores.
Invitó a leer un texto de Carlos Monsiváis, de su libro Aires de familia, referente a los ídolos de la música popular latinoamericana, y al peso de las voces de nuestros cantantes como acompañantes de vida, a modo de introducción.
El profesor Osmany Barreto compartió su texto El tango y la voz de América, escrito con el uso de la enumeración como recurso literario para expresar lo que representan Mercedes Sosa y el tango en la vida de los americanos desde una de las más sinceras e imborrables manifestaciones: la música.
El docente y músico Israel Jiménez Emán continuó el conversatorio guitarra en mano, alternando anécdotas e historias de su acercamiento con la música argentina, con melodías tanto de Mercedes Sosa como del tango.
Acotó que la definición más completa que ha conocido del tango es “un sentimiento triste que se baila” y que de grandes escritores como Jorge Luis Borges aprendió que se trata de una gran conversación, así como los diferentes orígenes de este género que cuenta Ernesto Sábato en su libro Tango, discusión y clave.
También explicó que el tango tiene sus clasificaciones, como el culto que es pura poesía; el medio que usa el dialecto lunfardo; y el de arrabales que es el meramente popular, conocido también como el tango de botiquines. Todos oportunamente reconocidos como patrimonio de la humanidad, a los cuales se acercó por maestros como el rector de la UNEY Freddy Castillo Castellanos y el escritor yaracuyano Rafael Zárraga.
Contó cómo el azar concurrente lo llevó a aprenderse la canción Valderrama de Mercedes Sosa, impulsado por un amigo, y que años más tarde conocería en la UNEY al poeta Teuco Castilla, hijo del compositor de dicho tema, el escritor argentino Manuel Castilla. Posteriormente la interpretó para recordar a Sosa, completando con el tango La última curda.
Por su parte, el coordinador de cultura de la UNEY, el músico Andrés Fernando Rodríguez, manifestó que además de las canciones hermosísimas que se conocen de Mercedes Sosa, una de las cosas que más valora de su trayectoria, es que haya llevado a la escena a muchos compositores latinoamericanos que ahora la gente recuerda, incluyendo a Roberto Todd y al yaracuyano Otilio Galíndez. Junto a Hemberlet Peña en la guitarra, interpretó de manera muy emotiva Soy pan, soy paz, soy más, en su tributo a la gran cantante latinoamericana fallecida el pasado 4 de octubre.
Luego los tres guitarristas motivaron al público a cantar, al entonar Canción con todos, uniéndolos en una sola voz: Todas las voces todas/todas las manos todas/toda la sangre puede/ser canción en el viento/canta conmigo, canta /hermano americano/libera tu esperanza/con un grito en la voz.
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