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Plural o singular, compuesta o simple, el modo
en que llamemos el conjunto de saberes que se
encierran en la frase Ciencias del Deporte, no
resuelve la carga de ambigüedad en que se
sumerge el concepto de Deporte a principios del
siglo XXI. Ambigüedad que tiene su base en la
polisemia y en el nomenclátor complejo que la
caracteriza. La palabra Deporte se ha dispersado
en diversas acepciones que pareciera finalmente,
ser todas ellas: actividad física, ejercicio
físico, educación física, preparación física,
educación corporal, educación postural, deporte
de elite, deporte educativo, deporte popular,
deporte tradicional, deporte para todos, entre
otras.
El debate de si existe o no una ciencia del
deporte ha tomado un importante calor en los
últimos años. El relato construido se asocia más
a un conjunto de ciencias que se aplican a la
actividad deportiva y que están aportando
conocimiento práctico - teórico para el
mejoramiento de todo lo relacionado con la
actividad física deportiva.
Ambos contenidos narrativos, el de la polisemia
y el de la identidad científica de la actividad
física deportiva, no hacen sino potenciar la
base de complejidad que posee el abordaje del
deporte desde lo teórico y lo práctico, que ha
convertido su discusión en una progresiva
fragmentación y disociación y casi incomprensión
de los saberes contenidos en el fenómeno
deportivo.
No obstante, en medio de estas imprecisiones en
el abordaje del deporte, algunos aspectos están
algo más claros; por ejemplo el deporte es un
fenómeno social que representa el acervo
cultural de los pueblos su identidad profunda y
su expresión etnocéntrica. Es además un modo
complejo de expresión de las más recónditas
emociones que usualmente permanecen subyacentes
o reprimidas en las subjetividades, expectantes
del momento exacto para manifestarse y tomar
poder.
El deporte, es uno de los principales recursos
que utilizan los pueblos para construir sus
identidades, para delimitar su cultura e incluso
para reinventarse en la historia. El deporte, en
sus diversas manifestaciones trabaja con lo
elemental y esencial del hombre: su lenguaje,
sus emociones y su biología. Es por ello que su
fuerza se manifiesta desde el juego ingenuo de
la infancia hasta la acción espectadora del
juego de fútbol en una selección nacional.
Así que la diatriba de la identidad científica
del deporte y la prolífica invención de nombres
(nomenclátor) en el mismo intento de delimitar,
pasa a ser intrascendente ante el conjunto de
saberes infinitos que podríamos extraer del
fenómeno deportivo y la actividad motriz en
general. Ciencia, originada del latín scientia,
que significa saber, es principalmente eso,
saberes acumulados, saberes producidos, sean los
que la modernidad nos acostumbró decir
científicos o saberes populares. Y cuando
hablamos de ciencias del deporte,
indubitablemente se está ante un relato
hermosamente tridireccional que denota los
saberes que aportan las denominadas ciencias
humanas (sociología, psicología, historia, la
estética deportiva, la ética y la pedagogía) y
las denominadas ciencias biológicas
(antropología, fisiología, morfología deportiva,
biofísica/biomecánica, bioquímica del deporte,
metrología y medicina deportiva) que se suman a
los saberes propios de la cotidianidad de los
actores que vivencian en la práctica o como
espectadores, la experiencia deportiva. En fin,
conjunto de saberes que generan análisis,
reflexiones y acciones y especialmente generan
narrativas implicadas e imbricadas en el acervo
cultural de los actores deportivos. |
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El
pensamiento reductor y simplificador, que es el
dominante heredado de la modernidad y del
positivismo, es promotor y en consecuencia ha
perpetuado el abordaje fragmentado del tema
deportivo. Es la reducción que hace pensar que
sólo quien practica deporte es quien sabe de
deporte, descalificando a espectadores, o que
sólo quien es formado profesionalmente sabe de
deporte, desacreditando a los que por afición se
han vuelto expertos en esas áreas temáticas.
Si lo abordamos desde la visión integral,
conocer y saber del deporte va mucho más allá de
las paredes de un claustro universitario; en tal
sentido, debe existir una amplia apertura a los
saberes populares que permita un libre
intercambio de ideas y conocimientos generadores
de nuevas construcciones sobre lo que es el
deporte. La absurda separación, heredada de la
época modernista y el paradigma positivista de
la ciencia, devino en la incongruencia de que el
deporte sólo puede ser entendido desde lo
disciplinar y más específicamente desde las
disciplinas puras y aplicadas, dejando a un lado
a las ciencias humanas o sociales y más aún a la
sabiduría de los pueblos.
La incongruencia ha llegado al punto en que la
categoría ciencias aplicadas al deporte todavía
en algunos sectores, es entendida únicamente
para las ciencias biológicas, discriminando
algunas sino todas las ciencias humanas tales
como la sociología, la psicología y la historia
en el análisis del fenómeno deportivo.
Se discute incluso, otro absurdo, que la
educación física y el deporte únicamente se
sustentan en el paradigma positivista y
cuantitativo, por lo que el paradigma
interpretativo cualitativo no entra en el marco
del análisis de la investigación en el deporte.
Absurdo que se sustenta por supuesto, en la
ignorancia de los factores epistemológicos que
fundamentan a la investigación en las ciencias
del deporte. El cuestionamiento al positivismo y
la declaración incluso de su muerte como visión
del mundo, es ahora casi un lugar común, así que
creer que los paradigmas emergentes
cualitativos- interpretativos que asumen la
interrelación entre múltiples factores para
lograr entender un fenómeno, son inadecuados
para estudiar el deporte, es una expresión de
anacronismo y de obsolescencia inadmisible.
En resumen, los saberes del deporte deben ser
asumidos desde su complejidad inherente; el
avance de esos saberes está empujando a los
actores deportivos a una casi obligante
transformación de sus mentalidades para abordar
este maravilloso fenómeno. En consecuencia, a
los futuros profesionales del deporte y de la
actividad física, no será posible concebirlos
sólo como profesionales de la educación física,
sino como profesionales integrales que impliquen
formación en áreas correlativas como la gerencia
deportiva, la metodología del entrenamiento, la
profilaxis y terapéutica física - mental, la
investigación y en especial áreas innovadoras
como la capacidad de emprendimiento
específicamente en el amplio espacio de
posibilidades que tiene el deporte actual. |