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El deporte yaracuyano ilustrado por la vocación y la entrega:
Argenis Díaz Rangel
Rafael José "Cheo" Morales

 
  Plural o singular, compuesta o simple, el modo en que llamemos el conjunto de saberes que se encierran en la frase Ciencias del Deporte, no resuelve la carga de ambigüedad en que se sumerge el concepto de Deporte a principios del siglo XXI. Ambigüedad que tiene su base en la polisemia y en el nomenclátor complejo que la caracteriza. La palabra Deporte se ha dispersado en diversas acepciones que pareciera finalmente, ser todas ellas: actividad física, ejercicio físico, educación física, preparación física, educación corporal, educación postural, deporte de elite, deporte educativo, deporte popular, deporte tradicional, deporte para todos, entre otras.

El debate de si existe o no una ciencia del deporte ha tomado un importante calor en los últimos años. El relato construido se asocia más a un conjunto de ciencias que se aplican a la actividad deportiva y que están aportando conocimiento práctico - teórico para el mejoramiento de todo lo relacionado con la actividad física deportiva.

Ambos contenidos narrativos, el de la polisemia y el de la identidad científica de la actividad física deportiva, no hacen sino potenciar la base de complejidad que posee el abordaje del deporte desde lo teórico y lo práctico, que ha convertido su discusión en una progresiva fragmentación y disociación y casi incomprensión de los saberes contenidos en el fenómeno deportivo.

No obstante, en medio de estas imprecisiones en el abordaje del deporte, algunos aspectos están algo más claros; por ejemplo el deporte es un fenómeno social que representa el acervo cultural de los pueblos su identidad profunda y su expresión etnocéntrica. Es además un modo complejo de expresión de las más recónditas emociones que usualmente permanecen subyacentes o reprimidas en las subjetividades, expectantes del momento exacto para manifestarse y tomar poder.

El deporte, es uno de los principales recursos que utilizan los pueblos para construir sus identidades, para delimitar su cultura e incluso para reinventarse en la historia. El deporte, en sus diversas manifestaciones trabaja con lo elemental y esencial del hombre: su lenguaje, sus emociones y su biología. Es por ello que su fuerza se manifiesta desde el juego ingenuo de la infancia hasta la acción espectadora del juego de fútbol en una selección nacional.

Así que la diatriba de la identidad científica del deporte y la prolífica invención de nombres (nomenclátor) en el mismo intento de delimitar, pasa a ser intrascendente ante el conjunto de saberes infinitos que podríamos extraer del fenómeno deportivo y la actividad motriz en general. Ciencia, originada del latín scientia, que significa saber, es principalmente eso, saberes acumulados, saberes producidos, sean los que la modernidad nos acostumbró decir científicos o saberes populares. Y cuando hablamos de ciencias del deporte, indubitablemente se está ante un relato hermosamente tridireccional que denota los saberes que aportan las denominadas ciencias humanas (sociología, psicología, historia, la estética deportiva, la ética y la pedagogía) y las denominadas ciencias biológicas (antropología, fisiología, morfología deportiva, biofísica/biomecánica, bioquímica del deporte, metrología y medicina deportiva) que se suman a los saberes propios de la cotidianidad de los actores que vivencian en la práctica o como espectadores, la experiencia deportiva. En fin, conjunto de saberes que generan análisis, reflexiones y acciones y especialmente generan narrativas implicadas e imbricadas en el acervo cultural de los actores deportivos.
  El pensamiento reductor y simplificador, que es el dominante heredado de la modernidad y del positivismo, es promotor y en consecuencia ha perpetuado el abordaje fragmentado del tema deportivo. Es la reducción que hace pensar que sólo quien practica deporte es quien sabe de deporte, descalificando a espectadores, o que sólo quien es formado profesionalmente sabe de deporte, desacreditando a los que por afición se han vuelto expertos en esas áreas temáticas.

Si lo abordamos desde la visión integral, conocer y saber del deporte va mucho más allá de las paredes de un claustro universitario; en tal sentido, debe existir una amplia apertura a los saberes populares que permita un libre intercambio de ideas y conocimientos generadores de nuevas construcciones sobre lo que es el deporte. La absurda separación, heredada de la época modernista y el paradigma positivista de la ciencia, devino en la incongruencia de que el deporte sólo puede ser entendido desde lo disciplinar y más específicamente desde las disciplinas puras y aplicadas, dejando a un lado a las ciencias humanas o sociales y más aún a la sabiduría de los pueblos.

La incongruencia ha llegado al punto en que la categoría ciencias aplicadas al deporte todavía en algunos sectores, es entendida únicamente para las ciencias biológicas, discriminando algunas sino todas las ciencias humanas tales como la sociología, la psicología y la historia en el análisis del fenómeno deportivo.

Se discute incluso, otro absurdo, que la educación física y el deporte únicamente se sustentan en el paradigma positivista y cuantitativo, por lo que el paradigma interpretativo cualitativo no entra en el marco del análisis de la investigación en el deporte.

Absurdo que se sustenta por supuesto, en la ignorancia de los factores epistemológicos que fundamentan a la investigación en las ciencias del deporte. El cuestionamiento al positivismo y la declaración incluso de su muerte como visión del mundo, es ahora casi un lugar común, así que creer que los paradigmas emergentes cualitativos- interpretativos que asumen la interrelación entre múltiples factores para lograr entender un fenómeno, son inadecuados para estudiar el deporte, es una expresión de anacronismo y de obsolescencia inadmisible.

En resumen, los saberes del deporte deben ser asumidos desde su complejidad inherente; el avance de esos saberes está empujando a los actores deportivos a una casi obligante transformación de sus mentalidades para abordar este maravilloso fenómeno. En consecuencia, a los futuros profesionales del deporte y de la actividad física, no será posible concebirlos sólo como profesionales de la educación física, sino como profesionales integrales que impliquen formación en áreas correlativas como la gerencia deportiva, la metodología del entrenamiento, la profilaxis y terapéutica física - mental, la investigación y en especial áreas innovadoras como la capacidad de emprendimiento específicamente en el amplio espacio de posibilidades que tiene el deporte actual.

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