
Nuevo fervor de Buenos Aires
1. Fuimos a Puerto Madero ese domingo y
almorzamos en Las Lilas. El lomo de bife que
pidió Martín estaba insuperable y, desde
luego, muy bien la carne que los demás
comimos, mientras contemplábamos el paisaje
en una zona recuperada para el turismo
(cierto turismo), con aires de viejo
esplendor porteño. Menos satisfecho que hace
un año, salí de Las Lilas con mi hijo y mis
compañeros hacia el puente de Santiago
Calatrava, para admirar de cerca ese
homenaje a la mujer y al diseño en general.
Antes, Martín nos había hablado de un puesto
popular de comida que montaron los
piqueteros en pleno corazón de la opulencia.
Y lo vimos. Y saludamos a quienes allí
despachan gratis muestras de la granjería
tradicional de Buenos Aires. Saludé con
alegría su estocada de ironía y la mordaz
presencia de quienes le aguan por un
instante la fiesta al estereotipo del
consumo inmaculado, a la apariencia de un
mundo feliz.
2. Leo la espléndida entrevista que le
hicieron en La Nación a Matías Bruera,
publicada en la edición del pasado sábado 17
y que no había tenido tiempo de revisar. El
autor de “La Argentina fermentada” afirma
que “por aparentar, exageramos en todo” y me
acuerdo de lo que vi en Puerto Madero: la
apariencia recusada por un vecino que se
plantó allí para mostrar un rostro más
genuino del país. Han hecho lo posible por
desalojarlos, pero nada. Allí están, para
apostar por el “ser” frente a la pose, tal
como lo plantea Matías Bruera en la
entrevista de La Nación, en la que da
algunos ejemplos sobre ciertas imposturas
del “mundo gourmet”. Así, cuando le
preguntan por qué en la Argentina actual
quien no gusta del sushi es mirado como un
analfabeto en cuestiones culinarias, va al
grano y responde: “El sushi apareció como un
esnobismo más, del mismo modo que ahora
existe el esnobismo de los vinos de postre.
El sushi ha quedado impuesto como algo más
distinguido que, por ejemplo, la comida
polaca. Eso tiene cierta explicación: la
comida polaca está muy basada en la papa,
que es un elemento barato en la Argentina,
mientras que el sushi encierra la
sofisticación de comer pescado crudo con un
armado especial. Roland Barthes, en
Mitologías, habla de la ´construcción de los
platos´, y el sushi tiene mucho de la
ambición de querer consagrar lo culinario
como algo artístico”. Sospecho que no sólo
en Palermo Soho habrá personas a quienes les
gustaría silenciar a Matías Bruera. |
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3. Nunca falla el Münich (al lado de
La Biela), por lo menos con los
excelentes ravioles a la crema.
Martín y yo nos divertimos
constatando una vez más el parecido
de uno de los mesoneros con Manuel
Azaña. Esta vez también están allí
Francisco Blavia padre y el papá de
Mafalda. No tenemos la suerte de que
nos sirva alguno de ellos, aunque no
podemos quejarnos de quien nos ha
tocado: el único mesonero joven del
Munich, atento como todos sus
colegas. Terminado el almuerzo
salimos con Lázaro a admirar
nuevamente el legendario gomero de
La Recoleta. |
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En Puerto Madero |
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4. Vuelvo a la entrevista.
Dispénsenme, pero es que no tiene
desperdicio. El autor de
“Meditaciones sobre el gusto”
también alude en ella al movimiento
“Slow food”. Afirma que es una moda
y también una cuestión reactiva: lo
lento frente a lo rápido. Transcribo
sus palabras: “Creo que en la
sociedad actual es difícil
privilegiar la espera. El orgasmo es
la espera más interesante que hay y,
sin embargo, esta sociedad lo quiero
todo rápido. Yo pienso que el
verdadero problema no reside en
comer rápido o lento, sino en la
decisión de quién como y quién no.
Hay un dato que es crucial: en un
planeta con seis mil millones de
habitantes, la cantidad de
sobrealimentados es igual que la de
subalimentados: mil doscientos
millones”. El periodista lo
repregunta: “¿Los militantes del
movimiento slow food son sólo un
grupo de románticos?” y Bruera,
lanza en ristre no pierde la ocasión
de volver a llamar las cosas por su
nombre: “Ojalá fueran románticos. Yo
creo que el movimiento slow food es
una tendencia del mercado. En mi
opinión, nada que venga del mundo
gourmet está libre de una impronta
mercantil. La propuesta del slow
food consiste en proveer de más
posibilidades a este mundo, que
mueve una cantidad de dinero
infinita”.
5. El fervor de Buenos Aires es
infinito.
Freddy Castillo Castellanos
Rector de la UNEY. |
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