
Sin cocina no hay soberanía alimentaria
Por la entusiasta mediación del rector
Eduardo Asueta y de María Angélica de Marcó,
directora de relaciones interinstitucionales
de la Universidad Nacional de Entre Ríos, la
UNEY estuvo en Gualeguaychú, sede de la
Facultad de Bromatología de la indicada casa
de estudios argentina. Allí pudimos apreciar
la calidad de sus trabajos en materia de
cultura alimentaria, así como su
indiscutible disposición a profundizar en
una visión integral del tema. El breve pero
fecundo intercambio nos deparó la certeza de
que es posible avanzar juntos en el estudio
riguroso y amplio de la realidad alimentaria
de nuestros países.
Toda fragmentación del conocimiento es
nefasta como lo demuestra el tema de la
comida. No poseer una política coherente,
soberana y adecuada en materia de
alimentación, se debe, en buena medida, a la
falta de estudios integrales acerca del
tema. Es indispensable, desde luego, una
voluntad de cambio signada por valores como
los de la justicia y la igualdad, pero ello
no es suficiente. La buena voluntad
distributiva no basta. Es necesaria una
política de producción sustentable que
recupere el paisaje agrícola. Y aún así, no
alcanzaríamos el estadio deseable si no
promovemos el desarrollo gastronómico de los
productos. Plantearse una política de
seguridad alimentaria sin cocina, es
amputarle a la misma la clave de su éxito
duradero. Esta verdad que debería ser de
Perogrullo (no lo es) la sabemos en la UNER
y en la UNEY. Por esa razón este primer
encuentro nos va a llevar al lugar común de
la cocina para desplegar desde ella ese
estudio integral que tanta falta le hace a
nuestros países, a medio camino entre el
minoritario mundo gourmet y una población
hambrienta o subalimentada, patéticos polos
de una misma incultura gastronómica.
La Facultad de Bromatología de la UNER ha
realizado un importante programa de
extensión denominado “La construcción del
cosmopolitismo alimentario argentino”.
Partieron del |
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supuesto de que “Una cultura
alimentaria implica un conjunto de
relaciones materiales y simbólicas
que se traducen en olores, texturas,
colores y sabores; en aversiones,
preferencias, construcción de
identidades y subjetividades”. Su
propuesta se orienta |
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Facultad de Bromatología de la UNER,
Argentina |
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a “problematizar y dotar de sentido
histórico y social a este tema,
reconociendo su complejidad,
especialmente en lo que respecta a
la cultura alimentaria argentina,
comprendiendo la dinámica de su
configuración, poniendo énfasis en
el sentido político de una cocina
cosmopolita. Pensamos a la
alimentación y a la cocina como
expresiones de sociabilidad en las
cuales se expresan órdenes o
tendencias sociales que disputan
posiciones hegemónicas, atendiendo a
las implicaciones nutricionales,
bromatológicas, en la economía
política, en orientaciones estéticas
y éticas. Nos interesa reconocer los
problemas, posibilidades y
contradicciones que supone una
cocina cosmopolita y los patrones
alimentarios que la expresan, y, en
estos procesos, abrir espacios
articuladores de teoría y práctica”.
En Gualeguaychú sentimos que mucho
de lo expresado por nosotros en esta
columna tiene ya un amplio cauce
trazado por la Universidad Nacional
de Entre Ríos, con cuyo equipo de
cultura alimentaria pensamos iniciar
un fecundo intercambio académico.
Freddy Castillo Castellanos
Rector de la UNEY. |
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