La UNEY ha salido en defensa de su dignidad, sus miembros, sus autoridades, sus docentes y su personal administrativo y obrero y por esa razón he decidido resaltar ese hecho ante la opinión pública. Para ello utilizo el mismo espacio que usó uno de sus profesores con el fin de ofender de manera irreflexiva e injusta a sus compañeros y a la casa de estudios donde ha desarrollado con absoluta libertad su actividad académica y no ha sido discriminado en ningún momento por razones ideológicas o políticas ni de ningún otro tipo.
Sorprendidos por los excesos, las tergiversaciones y la ausencia de ética en su relato y en sus argumentos, numerosos miembros de nuestra comunidad universitaria nos reunimos ayer para rechazar y deplorar de modo enérgico las imputaciones contrahechas, falaces y sin asidero que profirió el profesor José Antonio Romero Corzo contra el Consejo Universitario de la UNEY, con la excusa de defender de una supuesta agresión al Ing. Ramón Sánchez Sivira, cuya gestión ha sido reconocida públicamente por las autoridades universitarias y por quienes laboramos en esta institución.
En ese sentido quiero compartir con los lectores las valientes palabras de mi compañera de trabajo Nancy Martínez, Directora de Administración de la UNEY, cuando expresó que el citado artículo “pretende empañar la eficiente e impecable gestión del Ing. Sánchez, una persona respetable y querida por todos nosotros. Por eso, invitamos a Romero a que nos revele cuáles son las verdaderas intenciones de sus palabras y hasta dónde piensa llegar”. Hago mía esa inquietud que comparte también la inmensa mayoría de la UNEY, desacostumbrada a ese tipo de acciones desleales e irresponsables, que no se sustentan en realidades sino en supuestos o elaboraciones tendenciosas.
En momentos en que nuestra universidad se prepara para celebrar su décimo aniversario y festeja la ratificación de su Rector y su Vicerrector, así como la designación ministerial del profesor Carlos Gazuí como Secretario General, lucen destemplados y fuera de lugar los señalamientos aludidos anteriormente, los cuales significan una ruptura con el espíritu de convivencia imperante entre nosotros que nos distingue de otras instituciones. Por ese motivo me hago eco de lo afirmado por el gran diseñador gráfico de América Latina, profesor Santiago Pol cuando invita a nuestros “opositores” dentro y fuera de la UNEY (los que por fortuna son poquísimos) “a reflexionar sobre sus posturas y sumarse de corazón a este maravilloso y transparente proyecto”.
No puedo concluir esta nota sin felicitar a mis compañeros Osmany Barreto, Marbella de Bracho, Rosana Mieres, Jesús Peña, Antonio Rivero, María Quintero, Félix Mendoza, Vladimir Delgado, Andrés Fernando Rodríguez, Yamina Peña y Oscar Muñoz por sus atinadas opiniones sobre este lamentable caso que si a alguien lesiona es al propio autor del artículo al que estoy aludiendo en esta página. Toda la comunidad de la UNEY siente vergüenza por lo sucedido y espera a que el ya citado profesor reflexione y rectifique.
Sazkia Montagna
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