
Locro de papas en la ciudad de Cuenca
1. Fue primero la gran ciudad de los cañari
y durante el incario sólo Cuzco llegó a
superarla. En 1557 se produjo su fundación
española y pasó a llamarse bellamente Santa
Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca. Hoy es
patrimonio cultural de la humanidad y está
más viva que nunca celebrando sus primeros
450 años con arte y poesía.
2. Cuenca es mucho más de lo que yo
esperaba. Famosa por su límpida arquitectura
republicana y por los hermosos ríos que la
cruzan, esta ciudad de la sierra del Ecuador
ha logrado establecer un diálogo cotidiano
con su paisaje natural y con su historia,
poco común en las “ciudades-patrimonio”, más
envanecidas por la escenografía para el
turismo que por la calidez humana de sus
espacios. Cuenca es y no sólo parece que es.
Por eso se muestra sin disfraces, tanto en
sus viejos esplendores como en sus caídas
urbanas, siempre reparables. Un pueblo que
la ama vive en ella y ese es el secreto de
su singular vivacidad. Pudimos apreciar que
la comunidad cuencana, así como su alcaldía
y su universidad, están conscientes de lo
que significa preservar y enriquecer un
patrimonio cultural del mundo. Por eso
reflexionan sobre la ciudad, piensan y
debaten proyectos para mejorarla y
mantenerla activa.
3. El río Tomebamba, el más emblemático de
los cuatro que atraviesan Cuenca, es un
señor río al que vi y oí durante tres noches
desde mi habitación del Hotel Crespo. Supe
que un poeta lo llamó “Caballero de vidrio”
y sé que ahora un personaje popular de la
ciudad, sentado en una piedra, ejerce el
oficio sublime de contemplarlo y
contemplarlo sin parar. “Dicen que está
enamorado del río y que esa es su locura”,
nos refirió el rector de la Universidad de
Cuenca, Jaime Astudillo, durante una
conferencia estupenda acerca de cómo su casa
de estudios ayuda a incrementar las áreas
verdes de la urbe. Creo que a las ciudades
venezolanas le hacen falta muchos “locos”
como ése y desde luego, |
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espacios o lugares donde podamos
oficiar la olvidada comunión con los
diversos seres invisibles de la
tierra y con la fuerza secreta de
las aguas. |
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Parque Natural de Cajas. Cuenca.
Ecuador |
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4. Participar en un seminario acerca
del papel de las ciudades en la
integración iberoamericana fue el
motivo de mi reciente visita a la
ciudad del gran poeta César Dávila
Andrade, a quien tuve presente más
de lo que me imaginaba, porque por
esos días Cuenca estaba llena de
poetas provenientes de variados
países de lengua castellana, con
motivo de la celebración de un
famoso Festival de la Lira que allí
tiene lugar desde comienzos del
siglo XX. El buen augurio que
significó llegar al hotel y ver que
de allí estaba saliendo en ese
instante el más grande poeta
ecuatoriano vivo, me permitió pensar
que poéticamente Cuenca se las trae,
como habría de comprobarlo poco
después. Junto a mi amigo mexicano
Carlos Vejar-Pérez decidí saludar a
Jorge Enrique Adoum y obtuvimos una
amable sonrisa de bienvenida, una
especie de bendición dentro del aire
de poesía que, para fortuna nuestra,
reinó en Cuenca durante toda nuestra
estancia. Alabados sean los poetas.
5. A más de tres mil metros de
altura se encuentra La Toreadora,
una de las muchísimas lagunas que
integran Cajas, un parque natural
muy cercano a Cuenca, adonde nos
llevó Margarita Vegas, directora de
cultura de la Alcaldía. Lucho Maira,
Carlos Vejar y yo sentimos en algún
momento, cada uno a su manera, que
las montañas y las lagunas de Cajas
nos estaban hablando en su lengua
sagrada. Pocos minutos más tarde,
más abajo, habríamos de asistir al
descubrimiento del Locro de Papas:
una deliciosa sopa de papas,
elaborada con leche, ajo, cebolla,
queso, mantequilla y aguacate. El
locro de esa tarde era especial.
Estaba tocado por la gracia de la
Virgen de Cajas, a la que divisamos
serena y majestuosa en lo alto de la
montaña. Alabada también sea.
Freddy Castillo Castellanos
Rector de la UNEY. |
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