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La
gastronomía mexicana, patrimonio intangible
Por Edmundo
Escamilla y
Yuri de Gortari
Al hacer
un estudio del hombre desde el punto de vista social,
político, artístico, religioso, etc., muchas veces no
incluimos la gastronomía, la cual no se reduce al acto
de preparar alimentos y consumirlos. Dice una vieja
frase “somos lo que comemos”. Al realizar un análisis a
través de la alimentación de una cultura, podemos
elaborar todo un estudio del estadio de desarrollo que
logró o en que se encuentra dicha cultura; ya que al
estudiar lo que se comía o se come en un determinado
grupo, tenemos que analizar una serie de asuntos
coyunturales y factores aleatorios que definen la
alimentación del hombre. Cuando un grupo determinado
cuenta con una cocina sofisticada por la complejidad de
su elaboración y la riqueza de ingredientes, debemos de
investigar los elementos que preceden este hecho, como
el conocimiento del territorio habitado y de los
fenómenos atmosféricos, ya que al tener estos
conocimientos, podrán contar con agricultura,
domesticación de animales y pesca; para de esta forma
tener una alimentación nutritiva, que permita el
desarrollo pleno de un pueblo; técnicas evolucionadas
para el debido aprovechamiento de cualquier alimento,
así como el uso de herramientas adecuadas. Por lo que,
para que una sociedad efectúe todas estas actividades
endógenas, necesita ser un pueblo organizado, con
estabilidad política y una estratificación de la fuerza
del trabajo. Después de esto contar con un comercio
evolucionado para poder hacerse de ingredientes con los
que no se cuente en el territorio y comercializar sus
excedentes, por lo que aquí entrarán factores exógenos,
como la capacidad de negociación con otros pueblos para
mantener relaciones de intercambio.
Además de los factores antes mencionados, entran otros
elementos relacionados, con la cosmovisión y el
pensamiento religioso de un pueblo, los alimentos
estarán fuertemente ligados a estos factores. Y la
cocina será un reflejo del nivel de desarrollo de una
civilización, y un excelente termómetro del nivel de
desarrollo . Cuando estamos frente a un pueblo que a
logrado un nivel elevado en sus manifestaciones
artísticas y que estas están relacionadas con la
gastronomía, como pueden ser los espacios
arquitectónicos y las artes aplicadas, podemos conocer
mucho sobre su nivel de desarrollo.
Es por todo lo anterior que para hacer un estudio del
hombre, su concepción de sí mismo y su ubicación en el
tiempo y el espacio, forzosamente tenemos que estudiar
su alimentación.
El hombre se explica a sí mismo a través de sus
alimentos ya que su forma de comer es una síntesis de la
conciencia que tiene de si mismo.
A partir de que el hombre cuenta con una alimentación
adecuada, puede tener un desarrollo cultural, por lo que
los alimentos de una cultura son fundamentales para
explicar la cosmovisión de un pueblo, tomando en cuenta
que el hombre a partir de la búsqueda de sus alimentos
entiende mejor el mundo que lo rodea, ya que en la
medida que una sociedad en determinado momento es capaz
de dotarse se una buena alimentación, tiene un
conocimiento más profundo de su entorno. La importancia
que toma la alimentación de un pueblo en el pensamiento
religioso es fundamental para la explicación del
universo. El hombre en la medida que tiene una
gastronomía más sofisticada, va evolucionando en otras
fases del conocimiento, lo cual le permite un mejor
conocimiento de si mismo. Por ejemplo en todas las
tradiciones de los diferentes pueblos mesoamericanos, el
maíz, pasa a ser parte de su carne y de sus huesos.
En los antiguos pueblos prehispánicos y en pueblos
indígenas en la actualidad, esta vida tiene sentido,
porque al traspasarla, de acuerdo a la forma en que se
muera, el hombre tendrá la oportunidad de cumplir con
una función cósmica, ayudando en sus tareas a alguna
deidad, las cuales tienen como finalidad realizar
ciertas labores para que el ciclo de vida continúe, por
lo que una labor fundamental de los dioses es el que el
ciclo agrícola se realice sin tropiezos y al haber
alimentos la vida continua. En el México de nuestros
días conservamos una alimentación basada en la comida
prehispánica. gran parte del pensamiento prehispánico,
relacionado con los alimentos subsiste hasta nuestros
días el hombre prehispánico y su alimentación. En la
medida que más estudiamos la alimentación de los pueblos
prehispánicos descubrimos el nivel de entendimiento que
los antiguos habitantes de México tenían de una buena
nutrición, además de la conciencia que existía para
conservar un entorno equilibrado y de esta forma evitar
que el ciclo de los alimentos se viera interrumpido.
Por lo que la gastronomía juega un papel preponderante
en el desarrollo económico, social y políticos de toda
nación. A través del estudio de esta actividad, podemos
hacer un análisis del desarrollo de los pueblos, ya que
a través de lo que un pueblo come y cómo va
transformando su dieta, podemos analizar conquistas,
relaciones comerciales, movimientos migratorios y
momentos de crecimiento o crisis económicas. En fin la
gastronomía marca el desarrollo histórico y cultural de
todo pueblo.
Como ya mencionamos los antiguos pueblos mesoamericanos
poseían una dieta equilibrada basada en la experiencia y
conocimiento de la naturaleza que los rodeaba, lo cual
los llevó a elaborar a través de los siglos una
gastronomía variada y nutritiva; lo que permitió que
culturas como la Maya y la Tolteca se desarrollaran,
habiendo domesticado productos como el frijol, el chile,
la calabaza, el jitomate, el cacao, y obviamente el
maíz, base y significante máximo de las culturas de
Mesoamérica. Entre la fauna podemos recordar al
guajolote, para mencionar a un rey de los animales
domesticados y criados para consumo humano. Además de la
recolección de innumerables insectos en sus diversas
etapas de desarrollo, larvas o huevecillos; reptiles,
pescados y mariscos; aves silvestres: codornices,
perdices, patos y todo tipo de pajaritos, que más que
cazados eran recolectados. En el reino vegetal además de
lo ya mencionado debemos hacer alusión a la gran
cantidad de frutas, como son todos los tipos de
zapotáceas, la infinita gama de quelites y el amaranto,
ya en aquel entonces producto reverenciado y ceremonial.
Todo lo anterior propició que los españoles a su llegada
encontraran una gastronomía completamente distinta a la
europea y a los hábitos alimenticios que en ese entonces
predominaban en Europa. Intuitivamente, en un principio,
y por imitación después, indudablemente que por
necesidad los españoles adoptaron sin mucha dificultad
los productos que en esta tierra se acostumbraban y se
apreciaban; sobre todo durante la conquista, ya que una
vez consumada; durante el virreinato, se pugnó por que
se trajeran los productos de Europa para tratar de
reproducir los hábitos predominantes en aquel
continente. Pero también se enviaron los productos de la
tierra al viejo continente, lo cual produjo un mestizaje
en la comida de los europeos.
Los pueblos mesoamericanos no sólo conocían los valores
alimenticios de lo que la naturaleza les brindaba,
poseían además un sofisticado aprecio y empleo de la
herbolaria, utilizada aún en nuestros días en la
medicina tradicional.
En el territorio mexicano, desde muy pronto una vez
consumada la conquista, se inicia un mestizaje
culinario, con los productos llegados de ultramar por
los españoles; los indígenas pronto los adoptaron y
transformaron con su inventiva, integrándolos a los
platillos habituales, o en nuevos creados por ellos,
como el trigo, azúcar, frutas y legumbres, animales como
el cerdo, el ganado bovino y caprino, y aves de corral.
Surge entonces, en el virreinato, la tan grande y
prestigiada comida mexicana, produciéndose la cocina
nacional, desde los fogones de conventos y puestos de
mercado; mezclando las tortillas con carnes y quesos.
Los tamales, herencia prehispánica, se enriquecen con la
manteca de cerdo. Con la adopción de los ingredientes
traídos por los españoles, no sólo se transforman los
platillos, sino también los hábitos; y si bien es casi
proverbial la templanza de los pueblos guerreros en su
disciplina, de crianza, educación y crecimiento, con la
cocina virreinal llega la gula, el desenfreno y frenesí
por la golosina. Así el pueblo novohispano pierde la
antigua reverencia por el alimento y adopta el exquisito
disfrute de la comida, con refinamiento, el ritual se
transformó en gula colectiva con las celebraciones y
banquetes.
Hacen ese momento hacen su aparición los platillos
regionales, y claro está: los antojitos. Todo lo cual
contribuye a formar la riquísima variedad de la cocina
mexicana que le ha conquistado en el mundo uno de los
cuatro primeros lugares. Es en aquella época cuando
surgen la dulcería y repostería mexicanas con su sello
característico y especial, de lo mexicano artesanal.
Al consumarse la independencia, en las diferentes áreas
de la cultura y la vida de nuestro país los
especialistas se dan a la tarea de buscar signos y
valores de la identidad nacional, para sorpresa de los
historiadores la identidad nacional , en la comida
estaba dada. Gracias a la lucha armada, la movilidad de
tropas regionales que llevaban consigo hábitos, maneras
y gustos que se compartieron y se adoptaron a lo largo y
ancho de nuestro territorio. Con el ir y venir de las
tropas insurgentes, se difundieron y unificaron hábitos,
platillos y cultivos.
En el siglo XIX la comida y la cultura mexicanas vuelven
a sufrir y gozar de una nueva y poderosa influencia,
especialmente de la comida y cultura francesas: en
platillos, costumbres en la mesa, maneras de hacer,
maneras de ser, establecimientos que antes no se
acostumbraban. También en ese entonces aparecen otras
influencias en la comida, como la inglesa, alemana,
italiana y la repostería austriaca.
En el siglo XX la gastronomía mexicana ha sabido tomar
nuevas influencias que le llegan del extranjero, aunque
desafortunadamente en un mundo de ritmo acelerado,
vertiginoso, también se ha recibido la influencia que
lejos de ser enriquecedora, es depauperadora y
aculturizante; sin embargo las profundas raíces de la
cultura gastronómica de nuestro país ha sabido
sobrellevar influencias, y sobrevivir preservando lo
esencial de sus valores y la riqueza de su variedad.
Por los tiempos que corren es recurrente que se aborde
el tema de características nacionales, la identidad de
un pueblo, las tradiciones y cultura de cada nación del
mundo. Se abordan, se analizan, se desglosan las
características de las nacionalidades y con mucha
frecuencia tratan de definirse... Para ello hay que
adentrarse a lo más profundo de sus raíces y ésas las
encontramos en la cultura del pueblo, en la vida
cotidiana de cada individuo y la conducta de éste con un
sentido de pertenencia a un grupo en particular, para
sentirnos como parte de algo, no como entes, aislados.
El hombre, desde sus más antiguos orígenes, necesita
pertenecer a un grupo en particular: familia, gens,
tribu o nación; sentir que forma parte de un todo, con
el cual se identifica y comparte rasgos en común, para
no vagar en un mundo vacío, hueco, solitario. Dentro de
estos rasgos cotidianos que nos dan un carácter, una
idiosincrasia, es la comida uno de los más fuertes y más
arraigados en nuestra memoria más remota, tan fuerte que
es el último factor cultural que se le olvida a un
migrante, se podrá olvidar religión, idioma, pero la
comida familiar, la comida nacional ésa se sigue
transmitiendo a lo largo de muchas generaciones. Es el
rasgo de identidad nacional más arraigado en la memoria
inconsciente, evocada en la memoria olfativa, visual
(obviamente del gusto); en la memoria emotiva, y por
ende es el último en perderse.
En México desde los tiempos más antiguos, la gastronomía
tiene raíces muy profundas. Retomando un concepto que ya
mencionamos anteriormente, para los mayas a diferencia
de otros pueblos de la antigüedad, el hombre perfecto,
el hombre más parecido a sus deidades, es el hombre de
maíz; con huesos y carne de ese alimento sagrado
entregado por los dioses a nuestros antiguos padres. A
partir de que posee este maravilloso tesoro, el hombre
puede desarrollarse y crear grandes urbes, donde
sobresalieron hermosos templos para mostrar el
agradecimiento a sus dioses. Claro que al igual que los
mayas en todas las culturas de Mesoamérica, el hombre
siempre tuvo presente mostrar el agradecimiento a sus
creadores.
Con la domesticación del maíz, aproximadamente hace ocho
mil años, Mesoamérica aporta a la alimentación del mundo
uno de los tres cereales que significan las culturas del
orbe: como el trigo en Europa y el arroz en Asia. Y se
inició el desarrollo de los pueblos mesoamericanos. Se
dio la organización social, económica y política de los
habitantes de estas tierras. A partir de la agricultura
y de la domesticación de los animales, el hombre logró
establecerse de manera sedentaria y únicamente de esta
forma las civilizaciones lograron desarrollarse
Es para todos conocido que las culturas mesoamericanas
alcanzaron un alto grado de refinamiento, más aún, de
sofisticación, reflejo que se tiene en escultura,
arquitectura, pintura mural, indumentaria y
evidentemente de pensamiento y concepción del mundo y
del universo. Una evidencia de este refinamiento es la
sofisticada, compleja y elaborada gastronomía que
desarrollaron con la extraordinaria riqueza que la
naturaleza nos brindó en esta tierra. De aquí partieron
productos maravillosos, y la forma de transformarlos en
alimento, para todo el mundo. Nunca estará de más
insistir en el importantísimo papel que juegan en la
repostería más famosa del universal ámbito culinario la
vainilla y el chocolate, sencillamente sin ellos casi no
tendría razón de ser ¿Y qué decir del jitomate, la
calabaza, el frijol...? Aun el chile, identificado, en
momentos, estrechamente con lo mexicano, también él ha
jugado ya un papel fundamental en muy diversas
gastronomías del mundo entero.
Por lo que resulta innegable la importancia del aporte
al paladar universal de los sabores emanados de la
gastronomía mexicana, que como tal juega ya un papel
como patrimonio intangible de la humanidad. Vale la pena
insistir, no sólo se ha aportado el producto en sí, sino
la manera de aprovecharlo e integrarlo a la cocina para
transformarlo en alimento. A excepción del maíz del cual
no se ha aceptado plenamente la nixtamalización
universalmente, como nuestra técnica ancestral para
obtener el máximo provecho del grano.
Si hablamos del maíz, el esencial cereal de América, de
Mesoamérica, a partir de su salida de América al mundo
todo, ha jugado un papel esencial en la alimentación,
para rescate de muchísimos pueblos de las hambrunas que
en diferentes momentos de la historia ha debido
enfrentar la humanidad. Ha llegado a ser el ingrediente
básico de platillos de identificación nacional como la
polenta en Italia, o la mamaliga en Rumania, el ugali en
Kenia.
Nos viene a la memoria, en este momento, una serie de
reflexiones que ha hecho la doctora Guadalupe Pérez
Sanvicente en torno a la cocina de un pueblo, de su
gastronomía. “Según mi teoría, [dice la doctora] toda
‘cocina’ debe cumplir los siguientes enunciados:
a) Haber nacido en su propio territorio, determinando y
estableciendo su propio espacio.
b) La creación de sus propios utensilios.
c) Producir sus propios insumos y materiales.
d) Inventar sus modos y maneras propios de cocinar.
e) Tener en su repertorio platillos que abarquen toda la
gama de sabores del agrio al dulce, del áspero al suave,
de lo salado a lo amargo.
f) La concepción de los géneros que integren la
totalidad de los pasos de una comida, desde la entrada,
pasando por los caldos, las sopas secas, los guisados y
hasta los postres.
g) Que haya establecido sus horarios, costumbres,
etiqueta y ordenamiento.
h) Que el gusto por el platillo, el guiso y las viandas,
haya rebasado por lo menos tres generaciones, o sea, más
o menos, 150 años, es decir ceñirse al parecer del
tiempo, amo y señor de lo caduco y lo permanente.
i) Su universo debe estar constituido, agavillado, por
las llamadas cocinas regionales.
j) Que sea capaz de aprovechar los conocimientos de
cocina ajenos, para incorporarlos, sin desvirtuar su
espíritu.
k) Una cocina se transforma en gastronomía cuando ha
creado sus propias bebidas con sus insumos y métodos, su
panadería, bizcochería, pastelería y repostería.
l) Que en su elogio y estudio se haya originado una
literatura y posea, además, su propio refranero.”*
Está de más hacer un desglose de cada uno de estos
incisos en función específica del ámbito mexicano, y no
contamos con el espacio necesario para ello en el
presente artículo. Todo lo anterior nos conduce además a
precisar la diferencia entre cocina y gastronomía, ya
que la segunda nos habla de una trascendencia,
profundidad y amplitud que rebasa con mucho el estrecho
ámbito de la “cocina”. Concluiremos, necesariamente, en
el extraordinario peso que posee la gastronomía mexicana
y la poderosísima influencia que ha ejercido en las
gastronomías del mundo desde el ámbito de la Nueva
España, que a través del Galeón de Acapulco, durante
tres siglos alimentó el comercio con el mundo entero, y
la difusión de los productos utilizados desde el México
prehispánico.
Así, la gastronomía mexicana y el papel preponderante
que ha tenido, además de su riqueza y variedad, en
platillos, productos, artes aplicadas, artes plásticas,
literatura...; el universo extenso que abarca su
influencia, constituye no sólo un foco de atención sino
una referencia obligada siempre que se habla de cultura
culinaria, de gastronomía. Rápidamente podríamos
concluir que la gastronomía mexicana conforma uno de los
patrimonios intangibles de México y de la humanidad. Ya
que gracias a la riqueza de nuestra gastronomía y
sentido ritual de esta, y al decir ritual no únicamente
nos referimos a los pueblos que le rinden todo un culto
a los alimentos, como son los pueblos indígenas de
México y las zonas de cultivo, en donde el agricultor
respeta los antiguos rituales. La extraordinaria
gastronomía mexicana, nos da identidad y ya sea en la
vida cotidiana o en las festividades, la convivencia en
familia que se da al elaborar o degustar nuestros
antiguos platillos, hace que las familias mexicanas y de
Hispanoamérica, sigan conservando fuertes vínculos, a
través de los cuales la estructura familiar se conserva
y gracias a esa fuerte unión de las familias de nuestros
pueblos, estos han logrado sobrevivir grandes crisis,
por el sentimiento de unión y colaboración familiar y
comunitaria. |
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