
El libro de Juan Alonso
Se titula Lara a pedir de boca y contiene
recetas de inspiración larense, según se
indica en la portada. Creo que se trata de
un libro que nos estaba haciendo mucha
falta, no sólo por la necesidad de aportarle
a la bibliografía venezolana la presencia de
una cocina regional no suficientemente
divulgada hasta ahora, sino también por la
escasa existencia en estos tiempos de moda
gastronómica de buenos y claros recetarios
venezolanos. Este de Juan Alonso Molina lo
es y lo es con creces.
Lo primero: Lara a pedir de boca proviene de
una fecunda y continua experiencia en
fogones, mesas y sobremesas. Su autor
recorrió las tierras de Lara buscando el
testimonio directo de quienes sostienen y
preservan la rica tradición alimentaria del
pueblo. Mediante ese trabajo de investigador
riguroso y de apasionado cocinero, Molina
pudo probar in situ, y en diversas
versiones, la excelencia culinaria de los
larenses de adentro, así como apreciar
directamernte una devoción auténtica por la
cultura gastronómica.
Lo segundo: con Lara a pedir de boca Juan
Alonso Molina nos da una lección de
honestidad y rigor intelectual. Su libro
comienza con el breve relato de su pasión
por la cocina, en unas páginas espléndidas,
tituladas a la manera del poeta Vicente
Gerbasi (“Venimos de la mesa y hacia la mesa
siempre vamos”) y que nos permiten percibir
la sensibilidad y la elegancia escritural
del autor. En ellas Juan Alonso hace una de
las cosas que más estimamos en cocina: el
reconocimiento a los informantes y maestros,
es decir, el aprecio genuino a una cultura
alimentaria que muchas veces es de autoría
colectiva y en la que el sello de
originalidad personal es lo menos relevante.
No acosado por presentar “su lomo prensao”,
“su mute de chivo” o “su mantequilla de
caraotas”, Molina le revela al lector que su
inspiración es larense y que las fuentes de
su trabajo son populares y variadas.
Menciona los |
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nombres de algunos cocineros: Adelis
Sisirucá y doña Mercedes, el negro
Urriola y Belkis, Chayo Barrios,
Aura María Carrasco, Beto Pérez
Barrios, los morochos Escalona, doña
Celia Saavedra y |
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Angela, Ramona Rivero, Isaura
García, José Escalona Osal, Chel
Guaidó y Reinaldo González, todos
exponentes de una sabiduría que
generosamente le ofrecieron a su
curiosa indagación de historiador y
cocinólogo. Juan Alonso Molina no le
atribuye a las recetas de su libro
el carácter de “originales” o de
“auténticas”, pero tampoco comete la
echonería de hacer del tamiz de su
praxis personal, el motivo para
celebrar la supuesta reinvención de
un plato larense.
También es de destacar otra virtud
de este libro. Me refiero a su
claridad. Las recetas se ofrecen con
precisión y con recomendaciones
adecuadas. Da gusto leerlas porque
uno se imagina que también puede
hacerlas en la cocina de su casa,
sin mayores incovenientes. Si algún
producto no lo conseguimos en los
abastos urbanos, podemos ir a
buscarlos al campo o a la huerta más
cercana y no a la casa del
importador. Es de agredecérsele a
Juan Alonso Molina que haya escrito
un recetario útil, sencillo, no
pagado de sí, y por encima de todo,
muy vinculado a nuestra memoria
gastronómica.
Freddy Castillo Castellanos
Rector de la UNEY |
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