
Los hombres de maíz y el etanol
“Sembrado para comer es sagrado sustento del
hombre que fue hecho de maíz. Sembrado por
negocio es hambre del hombre que fue hecho
de maíz”.
(Miguel Ángel Asturias, Hombres de maíz)
1. Asisto al trajín de las tamaleras, esas
deidades que sirven tamales abiertos, listos
para comerse y que sudan porque su cara
recibe todo el vaho quemante de la masa de
maíz cocido. Sirven “tamales mayores, rojos
y negros, los rojos salados, los negros de
chumpipe, dulces y con almendras; y
tamalitos acolitos en roquetes de tuza
blanca, de bledos, choreques, lorocos, pitos
o flor de ayote; y tamalitos con anís, y
tamalitos de elote, como carne de muchachito
de maíz sin endurecer… Las mujeres comían
unas como manzanarrosas de masa de maíz
raleada con leche, tamalitos coloreados con
grana y adornados con olor”. Asisto a la
inolvidable fiesta barroca que es leer
Hombres de maíz de Miguel Ángel Asturias.
Recuerdo la primera lectura febril y difícil
en octubre del 67. Ese año Asturias había
ganado el Nobel y lo admiraba por El señor
presidente y por algunas de sus leyendas,
tanto las de Guatemala, como las del espejo
de Lida Sal. Salí aturdido antes de tiempo
de las páginas de Hombres de maíz, libro
onírico, inasible. Después leí Mulata de tal
y la disfruté muchísimo. Releí El Señor
presidente y siguió gustándome bastante. El
misterio seguía estando en ese libro
rarísimo llamado Hombres de maíz. Más tarde
me percaté de que debía leerlo como un poema
y de que el problema estaba en el mal lector
de ese libro que había sido yo en el 67, no
en Asturias ni en su recreación verbal del
mundo maya. Lo leí despacio y leí en voz
alta muchas de sus páginas y recordé el
aturdimiento inicial como un don de la
ebriedad. Me vi otra vez en la habitación
del apartamento del edificio Aramina de la
avenida La Salle tratando de seguir lo que
no sabia si era un sueño o una historia y
supe, entonces, que lo que pasaba era
puramente poesía, tanto en la novela como en
la lectura. |
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2. Según la ideología capitalista el
mercado debe pautarlo todo, incluido
nuestro gusto e incluidas nuestras
tradiciones. En función del
“progreso” que ella promete fuimos
depredando el campo y admitiendo
pasivamente la desgracia que esa
depredación aparejó: la pérdida de
la inmensa cultura campesina. No es
extraño que esa ideología, con la
complicidad de quienes antes la
recusaban, enfile ahora sus armas
contra nuestro sagrado pan de cada
día. |
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Rodrigo Pimentel. Hombre de maíz |
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¿A quién si no al capitalismo se le
ocurre desconocer lo que significa
culturalmente el maíz para el hombre
de estas tierras? Plantear lo del
etanol a la escala en que lo que
están proponiendo algunos en México
y en Guatemala, además de ser un
atentado feroz contra las
necesidades materiales de millones
de personas, es perpetrar un crimen
contra el patrimonio inmaterial de
muchos pueblos de América.
Sólo a la obscena avilantez del
capitalismo se le podía ocurrir, sin
que se le aguaran los ojos, echar
por la borda siglos de sabiduría
alimentaria, historias sagradas y
poéticas, arraigos míticos
entrañablemente vinculados a la
hermosa y noble planta americana.
3. Volvamos a Hombres de maíz y a la
elemental defensa de nuestra tierra,
nuestro cielo y nuestro pan. Es
tiempo todavía para el hombre, para
el hombre de maíz.
Freddy Castillo
Castellanos
Rector de la UNEY. |
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