Discurso del Rector en el acto de revalidación del título de Licenciados en Educación Física y Deportes

   
   
   
Un nuevo modelo de integración latinoamericana

Este es, sin duda, un acto académico inusual que corresponde a los nuevos tiempos de nuestra patria. Mediante un convenio de cooperación entre Cuba y Venezuela se le dio impulso a un modelo de integración entre los pueblos de América Latina basado en la solidaridad y en el apoyo mutuos. Así, se intercambian ahora bienes, experiencias y saberes y se exploran las áreas donde esos vínculos adquieren un equilibrado sentido compensatorio. No otra cosa podía esperarse entre los naciones de Bolívar y Martí. 

Y dentro de ese modelo, no creo que exista una mejor base de sustentación que la derivada de los procesos culturales y educativos. Cuando eso ocurre, las dos Patrias se hacen una sola. Y las instituciones encargadas de darle forma a ese proceso integrador se dan la mano en un ámbito que les pertenece a ambas. Su encuentro se realiza en lo que podemos llamar bellamente: un lugar común, esa vieja expresión manoseada en el contexto de las retóricas, pero que conserva, si se la mira en su raíz, el noble sentido de la comunión.

Como lo hemos reiterado a lo largo de estos siete años de existencia, en la UNEY estamos trabajando para formar no sólo buenos técnicos o buenos profesionales, sino también ciudadanos conscientes, capaces de sembrar y mantener los valores de la convivencia, de la solidaridad y de la responsabilidad social. Trabajamos para formar lo que Simón Rodríguez llamó “republicanos”, es decir, hombres y mujeres consustanciados con su pueblo, con su memoria, con su cultura y con sus desafíos históricos. Sabemos que eso también representa para las universidades cubanas, y en especial, para la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, la finalidad esencial de su misión educativa.


El deporte bolivariano

Vivimos en nuestro país un momento de grandes cambios, caracterizado por el despertar de viejas ilusiones que algunos daban por extintas. Una de ellas, la de la integración, en el sentido bolivariano de su espíritu, la creíamos imposible de activar de nuevo. Y he aquí, que la tenemos viva, animando acuerdos de cooperación entre los pueblos de América Latina.

Dentro del marco de esa cooperación se inscribe el acuerdo intergubernamental que nos tiene acá en el día hoy, rubricando con éxito una primera etapa del mismo.

Nos mueve el propósito de contribuir con la transformación profunda que se ha iniciado en Venezuela y que ha contado en todo momento con la valiosísima ayuda del hermano pueblo de Cuba. Esa contribución dentro del ámbito del deporte comporta enormes esfuerzos. Necesitamos superar la concepción que ha hecho de la actividad física y de la competencia deportiva, un negocio más. Y ello supone, una labor educativa y cultural intensa, pues no se trata de decretar los cambios, sino de cimentarlos en la conciencia de cada uno de nosotros.

El deporte para todos sólo será posible si quienes tenemos responsabilidades en los centros de formación de profesionales del Deporte nos atrevemos a romper con la hegemonía de unas élites o que en el cacicazgo de unas “roscas” que nacional e internacionalmente se erigen en muro para enfrentar los cambios o las políticas de democratización que nuestra Constitución Bolivariana nos plantea. 


El difícil y necesario cambio de nuestra cultura deportiva

Quienes hoy han revalidado sus títulos, son, junto con los egresados de la UNEY, los primeros profesionales de Ciencias del Deporte con que cuenta el país. Forman parte de ese entusiasta equipo de hombres y mujeres que va a realizar la transformación del Deporte en nuestra Patria, sobre la base de principios, valores y objetivos humanísticos. 

El desafío es inmenso porque no se limita a la puesta en práctica de técnicas aprendidas para mejorar el rendimiento de nuestros atletas de alta competencia, objetivo nada desdeñable, pero no único, ni menos aún central para una política de cambios verdadera. Esta supone un enorme esfuerzo de carácter cultural que nos permita superar una visión del deporte dominada por la contabilidad, tanto de quienes han hecho de ella un negocio, como de quienes sólo son usados para exhibir el número de medallas que obtienen por su esfuerzo. 

La sociedad del espectáculo en que estamos viviendo desde hace mucho tiempo tiene en el deporte uno de sus más rubros más lucrativos y vistosos. Su presencia forma parte de nuestra cotidianidad. Convivimos con ella. No se nos ocurre jamás cuestionarla. Y si alguien se atreve a hacerlo, es de inmediato declarado aguafiestas e incluso enemigo del pueblo, quiero decir, del público, porque lastimosamente se trata de eso. Nos han convertido a todos en parte del espectáculo. Algunos hemos llegado a decir que la revolución tiene en el deporte uno de los huesos más duros de roer porque el principal enemigo para la misma es la mentalidad capitalista reinante en ese ámbito. Capital económico. Capital curricular. Capital medallístico. Capital. Capital.

De allí nuestro empeño en abrir un espacio académico donde el deporte sea pensado de otro modo. Y en eso hemos coincidido con las iniciativas del Ministro Aristóbulo Istúriz y del Viceministro Eduardo Alvarez, así como con la de nuestros compañeros cubanos de la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, de donde han egresado los profesionales revalidados esta tarde. 

La creación de otra Universidad venezolana donde el deporte es visto de manera integral, como en nuestra UNEY, es un hecho alentador para quienes seguimos creyendo en que, por más difícil que sea, sí se puede cambiar la cultura del deporte entre nosotros. Por experiencia sabemos que es posible plantearnos una visión integral del deporte que asocie de manera armoniosa la diversidad de sus aristas y que nos recuerde que el deporte es competencia, pero también juego; ejercicio físico, pero también higiene del espíritu; actividad económica, pero también fiesta; técnica, pero también sabiduría; ciencia, pero también magia; materia, pero también símbolo. 

El deporte es tiempo y memoria; movimiento y lugar común. El deporte es lenguaje, y por serlo, el deporte es poesía, la más sagrada de las voces humanas. Porque el deporte es eso y mucho más, hemos insistido en una formación integral y vitalicia de quienes obtienen su título en la UNEY o lo revalidan como ustedes. Esa formación les permite ser a su vez formadores, no en el mediocre sentido sindical o gremial que convierte a algunos en falsos dueños de un supuesto saber y, por ende de un cargo educativo, en abierta violación de principios jurídicos y éticos, sino en gestores de una formación muchísimo más amplia y efectiva: la formación de seres humanos dentro o fuera de las aulas: en la calle, en la oficina, en las canchas, donde se nos exigirá, a la hora de la suerte definitiva, por decirlo en aproximados términos taurinos: conocimientos, vocación y cultura y no capital curricular o carnetización corporativa. 

Contamos con ustedes, jóvenes venezolanos que asumen el compromiso de hacer del deporte no sólo una actividad del cuerpo sino también del alma, un espacio donde el diálogo, precisamente, del cuerpo y el alma lo es todo. Ese es el diálogo entre el deporte y la poesía y también lo es entre la revolución y la revelación. Nos recordó Octavio Paz alguna vez la necesidad de restablecer ese vínculo para curar las dolorosas heridas de nuestro tiempo y para construir a partir de él una sociedad humana amable y compartida.

Agradezco a quienes contribuyeron con su trabajo y su talento a la realización de este novedoso proceso de revalidación de títulos. Al eficiente equipo del IND, a los profesores de las dos universidades que diseñaron y ejecutaron brillantemente el programa de revalidación, y a ustedes, graduandos, cumplidores de un deber y soñadores de una patria. 

He dicho.

San Felipe, 26 de enero del 2006

 

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