Conversatorio con el Dr. Freddy
Castillo Castellanos
“La universidad venezolana
actualmente obedece a un modelo
capitalista” |
Resumen
“El diálogo lo sostuvo el rector de la
UNEY con el equipo de redacción de la
Revista Día- Crítica, quienes formularon
preguntas sobre distintos tópicos
*”Creo que la universidad venezolana,
basada en el modelo establecido en la
ley de universidades del año 70 no está
en capacidad de transformarse a sí
misma, lo digo tajantemente”
* “La formación de los abogados
venezolanos, de los jueces venezolanos,
ha estado en manos de una ideología
jurídica específica: en manos del
mamarracho del derecho burgués”
* “Debemos dar en el seno de nuestros
espacios de discusión un debate acerca
del socialismo del siglo XXI”
*” Cada vez que tengo alguna cosa que no
encuentro cómo resolverla en el momento
acudo a la poesía y la poesía me la
resuelve”
*” La UNEY es una universidad de la
poesía y además nació en un taller
literario que era, fundamentalmente, de
poesía”
Día-Crítica: Tenemos la idea de
un dossier sobre la universidad: la
Universidad en discusión, a debate, se
entiende. Nos parece un tema
fundamental, pertinente y necesario para
una revista de crítica cultural.
Creo que aquí todos tenemos más o menos
la sospecha, mejor dicho la convicción
de que la Universidad venezolana no está
respondiendo a la experiencia histórica
de un país en Revolución.
La cosa va por allí. Y no nos referimos
solamente al modelo universitario que
conocemos, es decir el que representan
la UCV, la UCAB, la ULA para nombrar
tanto a las públicas como a las
privadas. Tampoco las nuestras -y cuando
digo las nuestras me refiero a UBV,
Unefa- no están todavía a la altura de
los requerimientos del país.
Fíjate en algo, Darcy Ribeiro en un
texto de 1971, se planteaba, y he traído
esa persona tan ilustre aquí a la mesa
porque creo que ha sido de los
intelectuales latinoamericanos que ha
pensado más a fondo el problema de la
universidad, y de la universidad además
en relación con las grandes
transformaciones que necesita un país.
El texto de 1971 plantea tres preguntas.
La primera:
¿Pueden las naciones subdesarrolladas
tener universidades desarrolladas?
La segunda:¿Qué tipo de organización
debe corresponder a las universidades
empeñadas en la lucha por el desarrollo
nacional autónomo?
Y la tercera: ¿Será posible en base a
la institución del autogobierno explotar
las contradicciones de la propia
clientela universitaria, reestructurarla
para servir antes al cambio que a la
preservación de la estructura social
vigente?
Nosotros hoy somos un país en transición
hacia el socialismo, pero las
universidades pareciera que, en líneas
generales, siguen respondiendo a la
preservación de la estructura social que
padecimos y queremos transformar y
estamos transformando.
Fíjate, yo me atrevería hacerte esta
pregunta: ¿Tú crees en la capacidad de
la Universidad para transformarse así
misma?
Freddy Castillo Castellanos: Yo
creo que la universidad venezolana,
basada en el modelo establecido en la
ley de universidades del año 70 no está
en capacidad de transformarse a sí
misma, lo digo tajantemente, lo digo
incluso con la certeza de haber
presenciado muchísimos procesos de
transformación universitaria entre
comillas. Son años y años tratando de
“transformarse”, de ponerse al día
retóricamente siempre. El modelo de la
universidad venezolana previsto en la
ley del 70 y que viene de antes, desde
luego, y que fue el que dio nacimiento a
la llamada universidad tecnológica de
los años 70, me refiero a las que fueron
todas denominadas universidades
experimentales. Ese es un modelo
absolutamente incompatible con este
proceso de cambio que se ha iniciado en
Venezuela.
Venezuela comenzó a recorrer hace 8 años
un camino de cambios profundos y
encontró a la universidad venezolana en
su peor momento intelectual, en su peor
momento de nivel académico, con las
defensas bajas para dar respuesta a los
requerimientos del país.
Es verdaderamente lamentable que quienes
deberían estar -utilizando un término
también cuestionable y de procedencia
militar- a la vanguardia de los cambios
cualitativamente considerados, quienes
deberían estar al frente de esa empresa
intelectual, es decir, los
universitarios no lo estén. Y no lo
pueden estar, porque desde hace mucho
tiempo la universidad venezolana, con
excepciones desde luego -se entiende que
esta generalización incluye excepciones
aisladas- dejaron de ser centro de
intelectuales. Los universitarios
dejaron de ser personas pensantes.
La universidad venezolana no se ha
sumado con aportes importantes a este
proceso. Por el contrario, ha hecho
resistencia a él. No quiero con esto
indicar que no haya una comunidad
universitaria integrada por algunas
personas muy cercanas a este proceso de
cambio: desde luego que las hay, y
capacitadas para ejercer además algo
importante, disidencia critica frente al
mismo proceso. Sí las hay, claro, pero
en general el conjunto es muy
deplorable.
La universidad venezolana fue
burocratizándose, convirtiendo la
actividad intelectual en una actividad
administrativa: fue cayendo en manos de
una especie de capitalismo curricular
que convirtió el trabajo intelectual en
un llenado de planillas para aumentarse
el sueldo. Fue convirtiendo el ambiente
universitario en un ambiente de poca
lucidez y fundamentalmente de rutina:
fue rutinizándose. Tenemos una
universidad, como la UCV, que está
funcionando dentro de un espacio que es
patrimonio cultural de la humanidad y
podríamos preguntarnos ¿merece ese tipo
de universidad que está funcionando
allí, habitar un patrimonio cultural de
la humanidad? La pregunta es,
evidentemente, retórica: la respuesta
está en la pregunta misma, es una
especie de tautología.
Pero lo fundamental que quiero recalcar
es que la universidad venezolana
actualmente obedece a un modelo
capitalista: un modelo encargado de
reproducir social y culturalmente el
capitalismo, el sistema que queremos
cambiar y que queremos modificar. En
consecuencia, no está esa universidad
preparada para asumir estos cambios, por
el contrario de allí vendrán y han
venido ya muchas resistencias.
Día-Crítica: En cierto sentido,
en términos políticos podemos hablar de
un giro casi matemático en cuanto a las
orientaciones políticas que se han
generado en la universidad. La
universidad venía de una vocación y de
una tradición opositora dentro del
esquema derecha-izquierda. La
universidad estaba a la izquierda.
Freddy Castillo Castellanos: En casi
todo el mundo la universidad perdió
capacidad de aglutinar un pensamiento
renovador, revolucionario. Son procesos
históricos desde luego que se vienen
dando, con la preponderancia de la
ideología neoliberal que de verdad tomó
a casi todo el mundo y por asalto desde
luego. En el caso de Venezuela, fue
metiéndose en los intersticios sociales
y culturales del país y la universidad
no escapó a ello.
La universidad no tenía cómo rechazar
esa avalancha de ideología neoliberal
que recorrió todo el mundo y que por
supuesto también se arraigó entre
nosotros durante mucho tiempo: no tenía
capacidad para resistir frente a esa
invasión colonizadora del pensamiento
porque había dejado de ser también un
centro del intelecto y se había
convertido en una especie de federación
de gremios.
Insisto en el problema del capital
curricular: profesores preocupados por
acumular diplomas, papeles, títulos.
Basta ver el elenco de postgrados que
hay en Venezuela: una quincalla
académica. De verdad los niveles son muy
bajos con esa proliferación de
postgrados y de cursitos y de
diplomados. Qué es lo que queda
finalmente: una “feria de la alegría” de
títulos y de diplomas.
La universidad venezolana en vez de
educar al país o proponerle al país
otros modos de gremializarse, de hacer
un trabajo sindical, se copió el modelo
de la CTV, pero de la peor CTV: de la
CTV absolutamente sindicalera,
absolutamente “orteguiana” por mencionar
un personaje tristemente célebre. Esto
debería ser leído como un símbolo de
deterioro intelectual: las universidades
dejaron de ser comunidades del debate
para ser federaciones que discuten
aumentos de sueldo. Y no es que esto sea
deleznable pero es que la universidad no
es para eso, y eso llegó a ocupar el
centro de las conversaciones de los
profesores universitarios, de los
empleados, de los obreros y hasta de los
estudiantes que hoy también como
segmento universitario han perdido su
empuje.
Qué es lo que ocurre: que el mundo no se
detiene. La universidad no da
respuestas, no puede darlas tal como
está, pero el mundo continúa y las
respuestas vienen de otro lado. Por eso
mismo, hay que señalar una
característica de la universidad
venezolana: su autismo, su narcisismo,
el creerse poseedora de los saberes como
si los saberes fuesen únicamente los que
académicamente se producen. La realidad
es que muchos más saberes se están
gestando fuera de ella que dentro de
ella y es con esos saberes con que vamos
a contar para seguir produciendo
cambios.
Nosotros tenemos la experiencia en la
Universidad Experimental del Yaracuy de
una carrera novedosa que se llama
Ciencia y Cultura de la Alimentación que
apostó a una hipótesis: la alimentación
hay que estudiarla integralmente y no de
manera aislada como venía haciéndose en
la universidad venezolana en general,
nutrición por un lado e ingeniería de
alimentos por otro.
Nosotros dijimos vamos a meterle cocina
a esto porque creíamos que le hacía
mucha falta la cocina a esos estudios
que además estamos proponiendo de un
modo integral y dijimos bueno está muy
bien: vamos a introducir la cocina y lo
hicimos pero de modo central. No se
trata de una escuela de gastronomía para
chefs, no, eso no es: es la cocina como
un laboratorio; un viejo laboratorio
científico, tecnológico y cultural de la
humanidad: el más viejo laboratorio (de
paso, no hay otro laboratorio científico
más viejo que la cocina). Dijimos que la
universidad tiene que incluir cocina
pero centralmente para estudiar los
alimentos. ¿Y quiénes iban a dar clases?
¿los profesores universitarios?: no, las
cocineras y los cocineros, que vienen
desde hace años transmitiendo un saber.
Es decir, te lo pongo como ejemplo para
indicarte que es en la calle donde están
otros saberes que no hemos visto. No es
que en la universidad no los haya, los
hay, porque tampoco podemos caer en el
extremo: lo malo está en la banalización
de esos buenos saberes que había en la
universidad y la poca continuidad en su
incremento.
Ahora todo esto nos puede llevar incluso
a una cosa más radical, más allá de
detectar que este tipo de universidad
que tenemos no puede acompañar los
grandes cambios que el país está
planteándose. Más allá de eso podemos
preguntarnos ¿es que serán necesarias
las universidades? ¿Seguirán siendo
necesarias las universidades? Una
universidad que no se atreva a discutir
sobre su verdadera existencia, sobre su
pertinencia, no puede ser una
universidad. Una universidad que no
discuta la posibilidad de que haya
rectores o no haya rectores, no puede
ser una universidad.
Día-Crítica: Y que lo diga un rector
además... No será, Freddy, que el modelo
de la universidad, como tal, colapsó.
Freddy Castillo Castellanos: Todo
cuerpo que viene funcionando de un modo
quiere perseverar en sí mismo, como
decía Spinoza, perseverar en su ser. La
universidad y los universitarios no se
atreven, no se han atrevido a plantearse
su transformación, su conversión en otro
centro del saber, del conocimiento, del
vivir -una palabra clave: del vivir.
En las universidades hay revolucionarios
comprometidos con el proceso que tienen
en su cabeza el modelo que debemos
superar. Es más: tienen en su cabeza, la
ley de universidades del 70. Lo ha dicho
Fernando Bianco que siempre es muy
heterodoxo en las cosas que dice y
muchas de las cosas que dice son muy
acertadas: él afirma que el problema
está en que repetimos el esquema de esa
ley.
Los propios rectores que estamos
comprometidos con el proceso
revolucionario a veces caemos en la
rutina, la rutina mental. Nos
preguntamos ¡epa!: ¿por qué esta
universidad no tiene el consejo de
desarrollo científico y humanístico y
tecnológico que tienen las demás?;
¡epa!: ¿a ustedes todavía no les han
nombrado el representante del Ministerio
de Educación en el Consejo
Universitario? o ¿ustedes no tienen un
Consejo Universitario igual a la de las
demàs? Y por qué tenemos que tenerlo:
acaso ese modelo que prohijó esa
distancia no es el mismo modelo que
deberíamos cuestionar, superar, para
poder abrir un cauce a otro saber, a
otro modo de buscar las rutas
intelectuales que abran caminos de
verdadera innovación; que nos trace un
camino para lograr un verdadero
enriquecimiento social, económico,
cultural y político del país.
Cómo es posible que tengamos
investigadores que no producen una sola
línea pertinente para lo que el país
está requiriendo. Se trata de que la
universidad asuma un compromiso social.
Hoy tenemos una universidad sin
compromiso verdadero con el país: que se
puede dar el lujo de andar por un lado y
que el país vaya por otro.
Día-Crítica: Necesario es que
hablemos de algo que se ha convertido en
un mito: la autonomía universitaria.
¿Qué es lo que puede significar la
autonomía universitaria en este momento?
Debemos discutir la noción de autonomía
a la luz de lo que el país está
requiriendo de su gente y hacer la
crítica de la autonomía porque hoy luce
como una facultad que le permite a los
universitarios convertirse en una
especie de Estado dentro del Estado. Se
ha pretendido que la autonomía es una
autonomía absoluta: que le permite a las
universidades manejar sus recursos en
función de sus intereses y no de los
intereses del país; se ha pretendido que
la autonomía es una especie de gracia
concedida quién sabe por quién, para que
un grupo de personas llamados
universitarios hagan lo que les de la
gana en relación con lo que el país
necesita en materia de conocimiento, en
materia de ciencia, en materia de
tecnología y en materia de humanidades.
Es un Estado dentro del Estado: para eso
no fue concebida originalmente la
autonomía. La autonomía fue para
garantizar la libertad del universitario
en su cátedra, la libertad del
investigador en su laboratorio. Es la
libertad que permite realizar un trabajo
intelectual, un trabajo académico sin la
obediencia exigida por el dictador o el
gobernante de turno.
Es conveniente recordar el ejemplo de
Argentina: una ideología positivista
permitió la creación de la Argentina
como granero del mundo. Esto se inicio
en el siglo XIX por la generación del
80. Entonces, una especie de coraza
ideológica que se le impuso a las
universidades en el sur, y también entre
nosotros, desde luego. Pero sobre todo
allá y insisto en ese caso porque en
Argentina fue donde surgió el movimiento
de Córdoba que vino a ser la primera
gran reforma universitaria: reforma que
consagró la autonomía, pero una
autonomía para liberarse de la rigidez.
No una autonomía para convertir el
espacio universitario en otro espacio
rígido: una autonomía para la libertad
no una autonomía para convertir a la
universidad en un feudo. Entre
paréntesis: es una degradación limitar
el concepto de autonomía a lo espacial.
Día-Crítica: Pero hay que
recordar que, históricamente, la
autonomía sirvió para defender a una
universidad asediada desde la década del
60 del pasado siglo. No olvidemos, por
ejemplo, que Caldera intervino la UCV.
El puntofijismo tenía a la UCV siempre
en la mira.
Freddy Castillo: La develación de
los rostros del poder hoy en día nos
obliga a afirmar que lo que habíamos
pensado siempre: que eso de que el poder
está sólo en quien ejerce la función de
gobierno no es cierto, que los poderes
siempre han estado donde ha estado en el
manejo de los medios de producción. Y no
me refiero solamente a los medios de
producción económicos: me estoy
refiriendo también a medios de
producción culturales. Entonces qué
ocurrió durante muchos años: que la
universidad era antipoder, antipoder
económico, antipoder real y antipoder
político.
Fíjense: esa universidad se enfrentó a
los poderes, a los representantes de los
poderosos y a los poderosos mismos. Poco
a poco esos poderosos fueron
descubriéndose cada vez más: los
empleados de los poderosos fueron
Presidentes de la República, presidentes
del Congreso o Rectores universitarios.
Hoy en día algunos universitarios que
dicen enfrentarse al gobierno,
enfrentarse al Presidente y que dicen
que se están enfrentando, supuestamente,
al poder, son los representantes de los
poderosos de verdad.
Lo mismo ocurre en el área cultural:
pasa como cuando se dice que los
intelectuales y los poetas que están
apoyando al Gobierno, están haciendo
algo que siempre se ha criticado en el
mundo de los intelectuales. Se dice que
los intelectuales, los poetas, los
artistas deben estar siempre contra el
poder y quien te lo dice, lo hace desde
la columna de un periódico que forma
parte de las verdaderas plataformas del
poder, o desde la presidencia de una
fundación perteneciente a una
transnacional. Esas cosas yo creo que
debemos decirlas de manera muy clara.
Hoy en día la universidad que enfrenta
por razones que sea al gobierno de
nuestro presidente Chávez es una
universidad que está defendiendo al
poder: al poder económico, al poder
capitalista, al poder del imperio.
Día-Crítica: Hay que recordar que
durante el sabotaje petrolero la
conducta de la UCV y de la ULA fue
particularmente deplorable. Por aquello
días, Rigoberto Lanz afirmó, en un
artículo demoledor, que la derecha había
abierto, para siempre, una franquicia en
la UCV. Lo mismo pasaba en la ULA.
Freddy Castillo Castellanos: Lo
que ocurrió con el paro petrolero y lo
que viene ocurriendo en el país con esta
especie de descorrer los velos de muchos
vicios y de muchísimas pequeñeces
escondidas es verdaderamente milagroso
por decirlo de algún modo. Milagroso
porque nos permitió conocernos mejor a
nosotros mismos: nuestras propias
reacciones frente a lo que está
ocurriendo en el país. A veces uno mismo
desconocía cosas que estaban dentro de
uno...
Entonces, por supuesto, nos permitió
conocer cómo ese poder académico, ese
espacio de poder académico por el que se
pelean muchos de estos gremios dentro de
las universidades, no es otra cosa que
la reproducción exacta de las peores
luchas de poder que se dan en las
esferas políticas y económicas.
Descubrimos el poder que ejercen ciertos
profesores en relación con los saberes:
éste es mi saber, éste es el saber, el
de otro no, y te lo dicen de un modo muy
narcisista. Sus revistas arbitradas son
revistas que solamente leen ellos
mismos. La revista arbitrada, por
cierto, es una práctica muy
norteamericana, es un modelo
norteamericano; los españoles no lo
hacen, es una cosa buena que tienen los
universitarios españoles. Lo que hay en
muchas universidades es un afán de
poder, una libido dominandi. Hay una
especie, sí, de gusto por el ejercicio
del poder: ejerzo el poder no solamente
porque tengo un rango administrativo en
la universidad, lo ejerzo porque soy
poseedor de un saber. Es el saber como
poder —finalmente poder es poder. Por
eso se pelean entre ellos, no se pelean
por espacios del saber, se pelean por
espacios del poder, del pequeño poder
universitario. Entonces volviendo al
comienzo, este tipo de universidad no
puede, en modo alguno, sumarse a los
cambios.
Día-Crítica: Vale la pena que
examinemos el déficit que tenemos en
materia de formación petrolera.
Freddy Castillo Castellanos: No
somos estudiosos del tema petrolero: no
solamente no producimos los técnicos,
los profesionales para que se desempeñen
en un trabajo eficiente en la industria
petrolera, por poner un ejemplo, el más
importante de los ejemplos en materia de
producción de riqueza en el país.
Es que tampoco estamos produciendo los
profesionales, los venezolanos
capacitados para resistir el impacto de
esa industria, porque tampoco es que
vamos a convertirnos exclusivamente en
conocedores, manipuladores, técnicos
eficientes en el petróleo, que debemos
tenerlos. Pero, también, debemos tener
los que puedan trabajar para evitar que
esta importante industria –como pasó en
manos de las compañías petroleras
transnacionales y en la PDVSA de antes-
deprede y destruya espacios de nuestra
geografía y acabe con nuestro paisaje
rural y también con valores de nuestra
cultura, con virtudes del venezolano de
la tradición venezolana. Entonces no
tenemos, no producimos ni los técnicos
conscientes ni los profesionales
conscientes de su función y de su
responsabilidad y del impacto de su
trabajo, ni tampoco los que reconstruyan
el paisaje rural destruido del país.
Día-Crítica: Uno de nuestros
grandes problemas es que convertimos la
carrera universitaria en una carrera
positivista: obligatoriamente teníamos
que llegar al estadio universitario, el
positivismo de compra. El título
universitario sustituyó,
definitivamente, al título nobiliario
Freddy Castillo Castellanos: Esto
lo investigó muy bien, lo estudió y lo
comprobó muy bien en Francia Pierre
Bourdieu. Bourdieu habló del capital
cultural y habló del racismo
intelectual: él sostenía que todo
racismo es un esencialismo y uno de los
peores racismos es el racismo
intelectual, el racismo académico; el
racismo de los profesores
universitarios: quien no tiene título
universitario no vale, yo valgo porque
tengo mi título universitario.
Por cierto ese es un debate que debemos
dar en el seno de nuestros espacios de
discusión acerca del socialismo del
siglo XXI: no tenemos por qué incluir a
todo el mundo en la educación superior
tal como esa educación superior está
concebida. Yo lo plantearía así: hay que
incluir a la educación superior en la
calle, porque nos hemos autoexiliado,
nos hemos excluido nosotros mismos del
sitio donde se bate el cobre.
Fíjense en algo: el Presidente de la
República cuando plantea los cinco
motores, cuando plantea la nueva etapa
del proceso revolucionario de los cinco
motores, nos habla de la geometría del
poder. Y yo pregunto: ¿Qué universidad
venezolana tiene en este momento un
pensamiento sobre la geografía del país?
Solamente tenemos dos escuelas de
geografía en las universidades públicas,
muy viejas por cierto, una en la ULA y
otra en la UCV.
El problema es que la universidad
abandonó áreas del conocimiento, temas,
materias y contenidos. La universidad
pública, quiero decir, los abandonó
desde hace mucho tiempo y no los ha
retomado todavía. Entonces, al
Presidente de la República le llegan en
este momento tesis, trabajos de grado,
opiniones de profesores extranjeros, no
de los profesores venezolanos: él
mencionó hace poco a un profesor -creo
que es un profesor extranjero, no es un
profesor venezolano- que le llevó un
trabajo sobre la geografía radical, que
es un movimiento interesante que se dio
en EEUU y en Canadá. Pero es inquietante
que la universidad venezolana no pueda
dar respuestas porque abandonó espacios
del conocimiento.
Día-Crítica: Me atrevería a
preguntarte algo porque sé que eres
abogado de profesión y viene a cuento
con lo que estás planteando ahora: el
hecho de que no tengamos un poder
judicial capaz de administrar justicia y
de ponerle un parao a la impunidad, no
tiene o no tendrá que ver con lo que se
enseña en las escuelas de derecho.
Freddy Castillo Castellanos:
Fíjate lo siguiente: el Derecho en
Venezuela, desde comienzos de los 70,
quedó en manos de las universidades
privadas. Las Facultades de Derecho, las
Escuelas de Derecho de las universidades
públicas se detuvieron: la última de
ellas se creó en Carabobo. Pasaron,
entonces, más de 40 años proliferando
Escuelas de Derecho en las universidades
privadas. Apenas el año pasado una
universidad pública, la Universidad
Rómulo Gallegos, abrió una Escuela de
Derecho.
En consecuencia la formación de los
abogados venezolanos, de los jueces
venezolanos, ha estado en manos de una
ideología jurídica específica: en manos
del mamarracho del derecho burgués.
Hablamos de ese derecho burgués
consagrado en la Constitución del 61 y,
por supuesto, no del todo sustituido por
la Constitución del 99. A pesar del
inmenso avance que significa la
Constitución Bolivariana, el derecho que
ha prevalecido es el derecho a la
propiedad.
Es conveniente decir esto: deberíamos
aprovechar la reforma constitucional que
se está planteando hoy en día, para
hacer una corrección; una corrección de
una palabra que es una corrección
conceptual y no sólo semántica.
El constituyente del 61 ubicó el derecho
de autor en el capítulo de los Derechos
Económicos, gravísimo. El constituyente
del 99 corrigió este error, y dijo: no,
un momentico, éste es un derecho
cultural. Perfecto, lo hizo muy bien.
Sin embargo, cuando va hablar del
derecho de autor sustituye la expresión
por una que estaba de moda, puesta en
boga por el neoliberalismo, “propiedad
intelectual”. Término que se ubica en la
Organización Mundial del Comercio y no
en la Unesco. Vamos aprovechar,
entonces, que se está haciendo un
proyecto de reforma constitucional para
decir: un momentico, un país que
suscribió la convención de la diversidad
cultural de la Unesco, que ha creado el
centro de la diversidad cultural, no
puede seguir hablando de propiedad
intelectual. Sobre todo cuando ya hizo
algo muy importante: ubicar los derechos
de autor en el capítulo de los derechos
culturales y agregarle algo
importantísimo, esto es, la existencia
de los derechos colectivos del autor y
no del derecho individual
exclusivamente.