Conversatorio con el Dr. Freddy Castillo Castellanos

“La universidad venezolana actualmente obedece a un modelo capitalista”
 
Foto: Marcelo García

Resumen

“El diálogo lo sostuvo el rector de la UNEY con el equipo de redacción de la Revista Día- Crítica, quienes formularon preguntas sobre distintos tópicos

*”Creo que la universidad venezolana, basada en el modelo establecido en la ley de universidades del año 70 no está en capacidad de transformarse a sí misma, lo digo tajantemente”

* “La formación de los abogados venezolanos, de los jueces venezolanos, ha estado en manos de una ideología jurídica específica: en manos del mamarracho del derecho burgués”

* “Debemos dar en el seno de nuestros espacios de discusión un debate acerca del socialismo del siglo XXI”

*” Cada vez que tengo alguna cosa que no encuentro cómo resolverla en el momento acudo a la poesía y la poesía me la resuelve”

*” La UNEY es una universidad de la poesía y además nació en un taller literario que era, fundamentalmente, de poesía”


Día-Crítica: Tenemos la idea de un dossier sobre la universidad: la Universidad en discusión, a debate, se entiende. Nos parece un tema fundamental, pertinente y necesario para una revista de crítica cultural.
Creo que aquí todos tenemos más o menos la sospecha, mejor dicho la convicción de que la Universidad venezolana no está respondiendo a la experiencia histórica de un país en Revolución.

La cosa va por allí. Y no nos referimos solamente al modelo universitario que conocemos, es decir el que representan la UCV, la UCAB, la ULA para nombrar tanto a las públicas como a las privadas. Tampoco las nuestras -y cuando digo las nuestras me refiero a UBV, Unefa- no están todavía a la altura de los requerimientos del país.

Fíjate en algo, Darcy Ribeiro en un texto de 1971, se planteaba, y he traído esa persona tan ilustre aquí a la mesa porque creo que ha sido de los intelectuales latinoamericanos que ha pensado más a fondo el problema de la universidad, y de la universidad además en relación con las grandes transformaciones que necesita un país.

El texto de 1971 plantea tres preguntas. La primera:

¿Pueden las naciones subdesarrolladas tener universidades desarrolladas?

La segunda:¿Qué tipo de organización debe corresponder a las universidades empeñadas en la lucha por el desarrollo nacional autónomo?
Y la tercera: ¿Será posible en base a la institución del autogobierno explotar las contradicciones de la propia clientela universitaria, reestructurarla para servir antes al cambio que a la preservación de la estructura social vigente?

Nosotros hoy somos un país en transición hacia el socialismo, pero las universidades pareciera que, en líneas generales, siguen respondiendo a la preservación de la estructura social que padecimos y queremos transformar y estamos transformando.

Fíjate, yo me atrevería hacerte esta pregunta: ¿Tú crees en la capacidad de la Universidad para transformarse así misma?

Freddy Castillo Castellanos: Yo creo que la universidad venezolana, basada en el modelo establecido en la ley de universidades del año 70 no está en capacidad de transformarse a sí misma, lo digo tajantemente, lo digo incluso con la certeza de haber presenciado muchísimos procesos de transformación universitaria entre comillas. Son años y años tratando de “transformarse”, de ponerse al día retóricamente siempre. El modelo de la universidad venezolana previsto en la ley del 70 y que viene de antes, desde luego, y que fue el que dio nacimiento a la llamada universidad tecnológica de los años 70, me refiero a las que fueron todas denominadas universidades experimentales. Ese es un modelo absolutamente incompatible con este proceso de cambio que se ha iniciado en Venezuela.

Venezuela comenzó a recorrer hace 8 años un camino de cambios profundos y encontró a la universidad venezolana en su peor momento intelectual, en su peor momento de nivel académico, con las defensas bajas para dar respuesta a los requerimientos del país.

Es verdaderamente lamentable que quienes deberían estar -utilizando un término también cuestionable y de procedencia militar- a la vanguardia de los cambios cualitativamente considerados, quienes deberían estar al frente de esa empresa intelectual, es decir, los universitarios no lo estén. Y no lo pueden estar, porque desde hace mucho tiempo la universidad venezolana, con excepciones desde luego -se entiende que esta generalización incluye excepciones aisladas- dejaron de ser centro de intelectuales. Los universitarios dejaron de ser personas pensantes.

La universidad venezolana no se ha sumado con aportes importantes a este proceso. Por el contrario, ha hecho resistencia a él. No quiero con esto indicar que no haya una comunidad universitaria integrada por algunas personas muy cercanas a este proceso de cambio: desde luego que las hay, y capacitadas para ejercer además algo importante, disidencia critica frente al mismo proceso. Sí las hay, claro, pero en general el conjunto es muy deplorable.

La universidad venezolana fue burocratizándose, convirtiendo la actividad intelectual en una actividad administrativa: fue cayendo en manos de una especie de capitalismo curricular que convirtió el trabajo intelectual en un llenado de planillas para aumentarse el sueldo. Fue convirtiendo el ambiente universitario en un ambiente de poca lucidez y fundamentalmente de rutina: fue rutinizándose. Tenemos una universidad, como la UCV, que está funcionando dentro de un espacio que es patrimonio cultural de la humanidad y podríamos preguntarnos ¿merece ese tipo de universidad que está funcionando allí, habitar un patrimonio cultural de la humanidad? La pregunta es, evidentemente, retórica: la respuesta está en la pregunta misma, es una especie de tautología.

Pero lo fundamental que quiero recalcar es que la universidad venezolana actualmente obedece a un modelo capitalista: un modelo encargado de reproducir social y culturalmente el capitalismo, el sistema que queremos cambiar y que queremos modificar. En consecuencia, no está esa universidad preparada para asumir estos cambios, por el contrario de allí vendrán y han venido ya muchas resistencias.

Día-Crítica: En cierto sentido, en términos políticos podemos hablar de un giro casi matemático en cuanto a las orientaciones políticas que se han generado en la universidad. La universidad venía de una vocación y de una tradición opositora dentro del esquema derecha-izquierda. La universidad estaba a la izquierda.
Freddy Castillo Castellanos: En casi todo el mundo la universidad perdió capacidad de aglutinar un pensamiento renovador, revolucionario. Son procesos históricos desde luego que se vienen dando, con la preponderancia de la ideología neoliberal que de verdad tomó a casi todo el mundo y por asalto desde luego. En el caso de Venezuela, fue metiéndose en los intersticios sociales y culturales del país y la universidad no escapó a ello.

La universidad no tenía cómo rechazar esa avalancha de ideología neoliberal que recorrió todo el mundo y que por supuesto también se arraigó entre nosotros durante mucho tiempo: no tenía capacidad para resistir frente a esa invasión colonizadora del pensamiento porque había dejado de ser también un centro del intelecto y se había convertido en una especie de federación de gremios.

Insisto en el problema del capital curricular: profesores preocupados por acumular diplomas, papeles, títulos. Basta ver el elenco de postgrados que hay en Venezuela: una quincalla académica. De verdad los niveles son muy bajos con esa proliferación de postgrados y de cursitos y de diplomados. Qué es lo que queda finalmente: una “feria de la alegría” de títulos y de diplomas.

La universidad venezolana en vez de educar al país o proponerle al país otros modos de gremializarse, de hacer un trabajo sindical, se copió el modelo de la CTV, pero de la peor CTV: de la CTV absolutamente sindicalera, absolutamente “orteguiana” por mencionar un personaje tristemente célebre. Esto debería ser leído como un símbolo de deterioro intelectual: las universidades dejaron de ser comunidades del debate para ser federaciones que discuten aumentos de sueldo. Y no es que esto sea deleznable pero es que la universidad no es para eso, y eso llegó a ocupar el centro de las conversaciones de los profesores universitarios, de los empleados, de los obreros y hasta de los estudiantes que hoy también como segmento universitario han perdido su empuje.

Qué es lo que ocurre: que el mundo no se detiene. La universidad no da respuestas, no puede darlas tal como está, pero el mundo continúa y las respuestas vienen de otro lado. Por eso mismo, hay que señalar una característica de la universidad venezolana: su autismo, su narcisismo, el creerse poseedora de los saberes como si los saberes fuesen únicamente los que académicamente se producen. La realidad es que muchos más saberes se están gestando fuera de ella que dentro de ella y es con esos saberes con que vamos a contar para seguir produciendo cambios.

Nosotros tenemos la experiencia en la Universidad Experimental del Yaracuy de una carrera novedosa que se llama Ciencia y Cultura de la Alimentación que apostó a una hipótesis: la alimentación hay que estudiarla integralmente y no de manera aislada como venía haciéndose en la universidad venezolana en general, nutrición por un lado e ingeniería de alimentos por otro.

Nosotros dijimos vamos a meterle cocina a esto porque creíamos que le hacía mucha falta la cocina a esos estudios que además estamos proponiendo de un modo integral y dijimos bueno está muy bien: vamos a introducir la cocina y lo hicimos pero de modo central. No se trata de una escuela de gastronomía para chefs, no, eso no es: es la cocina como un laboratorio; un viejo laboratorio científico, tecnológico y cultural de la humanidad: el más viejo laboratorio (de paso, no hay otro laboratorio científico más viejo que la cocina). Dijimos que la universidad tiene que incluir cocina pero centralmente para estudiar los alimentos. ¿Y quiénes iban a dar clases? ¿los profesores universitarios?: no, las cocineras y los cocineros, que vienen desde hace años transmitiendo un saber. Es decir, te lo pongo como ejemplo para indicarte que es en la calle donde están otros saberes que no hemos visto. No es que en la universidad no los haya, los hay, porque tampoco podemos caer en el extremo: lo malo está en la banalización de esos buenos saberes que había en la universidad y la poca continuidad en su incremento.

Ahora todo esto nos puede llevar incluso a una cosa más radical, más allá de detectar que este tipo de universidad que tenemos no puede acompañar los grandes cambios que el país está planteándose. Más allá de eso podemos preguntarnos ¿es que serán necesarias las universidades? ¿Seguirán siendo necesarias las universidades? Una universidad que no se atreva a discutir sobre su verdadera existencia, sobre su pertinencia, no puede ser una universidad. Una universidad que no discuta la posibilidad de que haya rectores o no haya rectores, no puede ser una universidad.
Día-Crítica: Y que lo diga un rector además... No será, Freddy, que el modelo de la universidad, como tal, colapsó.

Freddy Castillo Castellanos: Todo cuerpo que viene funcionando de un modo quiere perseverar en sí mismo, como decía Spinoza, perseverar en su ser. La universidad y los universitarios no se atreven, no se han atrevido a plantearse su transformación, su conversión en otro centro del saber, del conocimiento, del vivir -una palabra clave: del vivir.

En las universidades hay revolucionarios comprometidos con el proceso que tienen en su cabeza el modelo que debemos superar. Es más: tienen en su cabeza, la ley de universidades del 70. Lo ha dicho Fernando Bianco que siempre es muy heterodoxo en las cosas que dice y muchas de las cosas que dice son muy acertadas: él afirma que el problema está en que repetimos el esquema de esa ley.

Los propios rectores que estamos comprometidos con el proceso revolucionario a veces caemos en la rutina, la rutina mental. Nos preguntamos ¡epa!: ¿por qué esta universidad no tiene el consejo de desarrollo científico y humanístico y tecnológico que tienen las demás?; ¡epa!: ¿a ustedes todavía no les han nombrado el representante del Ministerio de Educación en el Consejo Universitario? o ¿ustedes no tienen un Consejo Universitario igual a la de las demàs? Y por qué tenemos que tenerlo: acaso ese modelo que prohijó esa distancia no es el mismo modelo que deberíamos cuestionar, superar, para poder abrir un cauce a otro saber, a otro modo de buscar las rutas intelectuales que abran caminos de verdadera innovación; que nos trace un camino para lograr un verdadero enriquecimiento social, económico, cultural y político del país.

Cómo es posible que tengamos investigadores que no producen una sola línea pertinente para lo que el país está requiriendo. Se trata de que la universidad asuma un compromiso social. Hoy tenemos una universidad sin compromiso verdadero con el país: que se puede dar el lujo de andar por un lado y que el país vaya por otro.

Día-Crítica: Necesario es que hablemos de algo que se ha convertido en un mito: la autonomía universitaria. ¿Qué es lo que puede significar la autonomía universitaria en este momento?

Debemos discutir la noción de autonomía a la luz de lo que el país está requiriendo de su gente y hacer la crítica de la autonomía porque hoy luce como una facultad que le permite a los universitarios convertirse en una especie de Estado dentro del Estado. Se ha pretendido que la autonomía es una autonomía absoluta: que le permite a las universidades manejar sus recursos en función de sus intereses y no de los intereses del país; se ha pretendido que la autonomía es una especie de gracia concedida quién sabe por quién, para que un grupo de personas llamados universitarios hagan lo que les de la gana en relación con lo que el país necesita en materia de conocimiento, en materia de ciencia, en materia de tecnología y en materia de humanidades.

Es un Estado dentro del Estado: para eso no fue concebida originalmente la autonomía. La autonomía fue para garantizar la libertad del universitario en su cátedra, la libertad del investigador en su laboratorio. Es la libertad que permite realizar un trabajo intelectual, un trabajo académico sin la obediencia exigida por el dictador o el gobernante de turno.

Es conveniente recordar el ejemplo de Argentina: una ideología positivista permitió la creación de la Argentina como granero del mundo. Esto se inicio en el siglo XIX por la generación del 80. Entonces, una especie de coraza ideológica que se le impuso a las universidades en el sur, y también entre nosotros, desde luego. Pero sobre todo allá y insisto en ese caso porque en Argentina fue donde surgió el movimiento de Córdoba que vino a ser la primera gran reforma universitaria: reforma que consagró la autonomía, pero una autonomía para liberarse de la rigidez. No una autonomía para convertir el espacio universitario en otro espacio rígido: una autonomía para la libertad no una autonomía para convertir a la universidad en un feudo. Entre paréntesis: es una degradación limitar el concepto de autonomía a lo espacial.

Día-Crítica: Pero hay que recordar que, históricamente, la autonomía sirvió para defender a una universidad asediada desde la década del 60 del pasado siglo. No olvidemos, por ejemplo, que Caldera intervino la UCV. El puntofijismo tenía a la UCV siempre en la mira.

Freddy Castillo: La develación de los rostros del poder hoy en día nos obliga a afirmar que lo que habíamos pensado siempre: que eso de que el poder está sólo en quien ejerce la función de gobierno no es cierto, que los poderes siempre han estado donde ha estado en el manejo de los medios de producción. Y no me refiero solamente a los medios de producción económicos: me estoy refiriendo también a medios de producción culturales. Entonces qué ocurrió durante muchos años: que la universidad era antipoder, antipoder económico, antipoder real y antipoder político.

Fíjense: esa universidad se enfrentó a los poderes, a los representantes de los poderosos y a los poderosos mismos. Poco a poco esos poderosos fueron descubriéndose cada vez más: los empleados de los poderosos fueron Presidentes de la República, presidentes del Congreso o Rectores universitarios.

Hoy en día algunos universitarios que dicen enfrentarse al gobierno, enfrentarse al Presidente y que dicen que se están enfrentando, supuestamente, al poder, son los representantes de los poderosos de verdad.

Lo mismo ocurre en el área cultural: pasa como cuando se dice que los intelectuales y los poetas que están apoyando al Gobierno, están haciendo algo que siempre se ha criticado en el mundo de los intelectuales. Se dice que los intelectuales, los poetas, los artistas deben estar siempre contra el poder y quien te lo dice, lo hace desde la columna de un periódico que forma parte de las verdaderas plataformas del poder, o desde la presidencia de una fundación perteneciente a una transnacional. Esas cosas yo creo que debemos decirlas de manera muy clara.
Hoy en día la universidad que enfrenta por razones que sea al gobierno de nuestro presidente Chávez es una universidad que está defendiendo al poder: al poder económico, al poder capitalista, al poder del imperio.

Día-Crítica: Hay que recordar que durante el sabotaje petrolero la conducta de la UCV y de la ULA fue particularmente deplorable. Por aquello días, Rigoberto Lanz afirmó, en un artículo demoledor, que la derecha había abierto, para siempre, una franquicia en la UCV. Lo mismo pasaba en la ULA.

Freddy Castillo Castellanos: Lo que ocurrió con el paro petrolero y lo que viene ocurriendo en el país con esta especie de descorrer los velos de muchos vicios y de muchísimas pequeñeces escondidas es verdaderamente milagroso por decirlo de algún modo. Milagroso porque nos permitió conocernos mejor a nosotros mismos: nuestras propias reacciones frente a lo que está ocurriendo en el país. A veces uno mismo desconocía cosas que estaban dentro de uno...

Entonces, por supuesto, nos permitió conocer cómo ese poder académico, ese espacio de poder académico por el que se pelean muchos de estos gremios dentro de las universidades, no es otra cosa que la reproducción exacta de las peores luchas de poder que se dan en las esferas políticas y económicas.

Descubrimos el poder que ejercen ciertos profesores en relación con los saberes: éste es mi saber, éste es el saber, el de otro no, y te lo dicen de un modo muy narcisista. Sus revistas arbitradas son revistas que solamente leen ellos mismos. La revista arbitrada, por cierto, es una práctica muy norteamericana, es un modelo norteamericano; los españoles no lo hacen, es una cosa buena que tienen los universitarios españoles. Lo que hay en muchas universidades es un afán de poder, una libido dominandi. Hay una especie, sí, de gusto por el ejercicio del poder: ejerzo el poder no solamente porque tengo un rango administrativo en la universidad, lo ejerzo porque soy poseedor de un saber. Es el saber como poder —finalmente poder es poder. Por eso se pelean entre ellos, no se pelean por espacios del saber, se pelean por espacios del poder, del pequeño poder universitario. Entonces volviendo al comienzo, este tipo de universidad no puede, en modo alguno, sumarse a los cambios.

Día-Crítica: Vale la pena que examinemos el déficit que tenemos en materia de formación petrolera.

Freddy Castillo Castellanos: No somos estudiosos del tema petrolero: no solamente no producimos los técnicos, los profesionales para que se desempeñen en un trabajo eficiente en la industria petrolera, por poner un ejemplo, el más importante de los ejemplos en materia de producción de riqueza en el país.

Es que tampoco estamos produciendo los profesionales, los venezolanos capacitados para resistir el impacto de esa industria, porque tampoco es que vamos a convertirnos exclusivamente en conocedores, manipuladores, técnicos eficientes en el petróleo, que debemos tenerlos. Pero, también, debemos tener los que puedan trabajar para evitar que esta importante industria –como pasó en manos de las compañías petroleras transnacionales y en la PDVSA de antes- deprede y destruya espacios de nuestra geografía y acabe con nuestro paisaje rural y también con valores de nuestra cultura, con virtudes del venezolano de la tradición venezolana. Entonces no tenemos, no producimos ni los técnicos conscientes ni los profesionales conscientes de su función y de su responsabilidad y del impacto de su trabajo, ni tampoco los que reconstruyan el paisaje rural destruido del país.

Día-Crítica: Uno de nuestros grandes problemas es que convertimos la carrera universitaria en una carrera positivista: obligatoriamente teníamos que llegar al estadio universitario, el positivismo de compra. El título universitario sustituyó, definitivamente, al título nobiliario

Freddy Castillo Castellanos: Esto lo investigó muy bien, lo estudió y lo comprobó muy bien en Francia Pierre Bourdieu. Bourdieu habló del capital cultural y habló del racismo intelectual: él sostenía que todo racismo es un esencialismo y uno de los peores racismos es el racismo intelectual, el racismo académico; el racismo de los profesores universitarios: quien no tiene título universitario no vale, yo valgo porque tengo mi título universitario.
Por cierto ese es un debate que debemos dar en el seno de nuestros espacios de discusión acerca del socialismo del siglo XXI: no tenemos por qué incluir a todo el mundo en la educación superior tal como esa educación superior está concebida. Yo lo plantearía así: hay que incluir a la educación superior en la calle, porque nos hemos autoexiliado, nos hemos excluido nosotros mismos del sitio donde se bate el cobre.

Fíjense en algo: el Presidente de la República cuando plantea los cinco motores, cuando plantea la nueva etapa del proceso revolucionario de los cinco motores, nos habla de la geometría del poder. Y yo pregunto: ¿Qué universidad venezolana tiene en este momento un pensamiento sobre la geografía del país? Solamente tenemos dos escuelas de geografía en las universidades públicas, muy viejas por cierto, una en la ULA y otra en la UCV.

El problema es que la universidad abandonó áreas del conocimiento, temas, materias y contenidos. La universidad pública, quiero decir, los abandonó desde hace mucho tiempo y no los ha retomado todavía. Entonces, al Presidente de la República le llegan en este momento tesis, trabajos de grado, opiniones de profesores extranjeros, no de los profesores venezolanos: él mencionó hace poco a un profesor -creo que es un profesor extranjero, no es un profesor venezolano- que le llevó un trabajo sobre la geografía radical, que es un movimiento interesante que se dio en EEUU y en Canadá. Pero es inquietante que la universidad venezolana no pueda dar respuestas porque abandonó espacios del conocimiento.

Día-Crítica: Me atrevería a preguntarte algo porque sé que eres abogado de profesión y viene a cuento con lo que estás planteando ahora: el hecho de que no tengamos un poder judicial capaz de administrar justicia y de ponerle un parao a la impunidad, no tiene o no tendrá que ver con lo que se enseña en las escuelas de derecho.

Freddy Castillo Castellanos: Fíjate lo siguiente: el Derecho en Venezuela, desde comienzos de los 70, quedó en manos de las universidades privadas. Las Facultades de Derecho, las Escuelas de Derecho de las universidades públicas se detuvieron: la última de ellas se creó en Carabobo. Pasaron, entonces, más de 40 años proliferando Escuelas de Derecho en las universidades privadas. Apenas el año pasado una universidad pública, la Universidad Rómulo Gallegos, abrió una Escuela de Derecho.

En consecuencia la formación de los abogados venezolanos, de los jueces venezolanos, ha estado en manos de una ideología jurídica específica: en manos del mamarracho del derecho burgués. Hablamos de ese derecho burgués consagrado en la Constitución del 61 y, por supuesto, no del todo sustituido por la Constitución del 99. A pesar del inmenso avance que significa la Constitución Bolivariana, el derecho que ha prevalecido es el derecho a la propiedad.

Es conveniente decir esto: deberíamos aprovechar la reforma constitucional que se está planteando hoy en día, para hacer una corrección; una corrección de una palabra que es una corrección conceptual y no sólo semántica.

El constituyente del 61 ubicó el derecho de autor en el capítulo de los Derechos Económicos, gravísimo. El constituyente del 99 corrigió este error, y dijo: no, un momentico, éste es un derecho cultural. Perfecto, lo hizo muy bien. Sin embargo, cuando va hablar del derecho de autor sustituye la expresión por una que estaba de moda, puesta en boga por el neoliberalismo, “propiedad intelectual”. Término que se ubica en la Organización Mundial del Comercio y no en la Unesco. Vamos aprovechar, entonces, que se está haciendo un proyecto de reforma constitucional para decir: un momentico, un país que suscribió la convención de la diversidad cultural de la Unesco, que ha creado el centro de la diversidad cultural, no puede seguir hablando de propiedad intelectual. Sobre todo cuando ya hizo algo muy importante: ubicar los derechos de autor en el capítulo de los derechos culturales y agregarle algo importantísimo, esto es, la existencia de los derechos colectivos del autor y no del derecho individual exclusivamente.

 
Hemos avanzado en algunos aspectos en el deslinde con la ideología jurídica burguesa y capitalista. La Constitución Bolivariana incluyó algo muy importante pero que no se enseña en las Facultades de Derecho: los pleitos se pueden evitar y hay que evitarlos . El mejor modo de hacerlo es el diálogo, el respeto al otro, la convivencia. También hay otra cosa importante: no tienes por qué recurrir a la ley, a la ley escrita, para solucionar siempre todos los problemas; puedes recurrir a la tradición, puedes recurrir a la cultura, a los saberes. Y algo todavía más importante que hizo nuestra Constitución: reconocer la existencia de unos modos distintos de resolver los problemas por parte de las comunidades indígenas.

Lamentablemente, nuestras escuelas de derecho no están preparadas para formar un nuevo tipo de profesional: está preparada para formar al formalista, al fetichista de la ley, de esa ley, al castigador, al que sólo sabe vigilar y castigar.

El abogado formalista es un abogado fuera del contexto cultural e histórico de nuestro país: es un abogado que aplica mecánicamente unas normas —de hecho se usa el término litigante.

Al poder judicial como instancia monopolizadora de la solución de los problemas debemos cuestionarlo: no tiene por qué ser el poder judicial la única instancia donde se solucionan los problemas entre las personas, ni tiene que ser la ley la única fuente para resolver los problemas y encontrar la solución de los problemas. Muchas soluciones están en el diálogo cultural entre las personas, la buena vecindad, el trabajo comunitario, socialista.

Día-Crítica: Creo que lo que pasa en el derecho es igual a lo que ocurre con el periodismo

Foto: Marcelo García

Freddy Castillo Castellanos: Es igual: hay una ideología funcional.
Pero quiero volver al terreno del derecho que es el ámbito donde puedo hablar con mayor (im)propiedad –hay que cuestionar aquello de hablar con propiedad. Resulta que en el ámbito del derecho público, todavía seguimos repitiendo, como si fuesen sacrosantos, los conceptos post revolución francesa y que permitieron edificar la teoría del Estado de Derecho y de la división de poderes. El concepto de democracia lo seguimos manejando formalmente: nada más. Igualmente, defendemos la separación de poderes como si fuese un dogma sagrado: como un católico defendiendo los dogmas católicos. Como una cosa jesuítica en la defensa de la separación de poderes.

Si la presidenta de la Sala Constitucional forma parte de la Comisión Presidencial, horror, porque eso implica que se está lesionando la separación de poderes. Y ¿qué queda de aquella cosa que se llama cooperación de los poderes? ¿Es que no pueden cooperar? ¿La separación implica que no cooperen?

El problema es que vivimos de conceptos históricos que se produjeron en un momento dado, en una época determinada, y que están haciendo aguas y hay que sustituirlo por otros conceptos de derecho público que se están gestando de otra manera: sobre la base sobre todo de lo social. De qué o para qué ha servido ese derecho: de qué o para ha servido esa concepción jurídica de la separación de poderes y de la democracia formal y de las elecciones hechas para alternar a los gobernantes. De qué ha servido, en la práctica, para solucionar los gravísimos problemas del hombre en materia de subsistencia o del mundo en materia de conservación de los recursos naturales.
Dia-crítica: ¿En cuáles espacios se está generando el necesario cambio de contenidos?

Freddy Castillo Castellanos: En algunas universidades podemos encontrar algunos esfuerzos de profesores, de investigadores que están muy solos y poco apoyados en sus respectivas universidades, pero que están apostando por nuevas formas de manejar los contenidos universitarios. También existen algunas universidades –las que forman parte de la Asociación de Rectores Bolivarianos (Árbol)- que estamos en eso.

Modestamente, la nuestra que es una universidad muy pequeña, la que tiene el menor presupuesto de todas las universidades de Venezuela, modestamente esa universidad está procurando hacer cambios en ese sentido. Ya puse el ejemplo de Ciencia y Cultura de la Alimentación. Pero, también, innovamos en Venezuela con la materia de deporte. Era muy importante que se iniciara en Venezuela una formación en el área del deporte distinta a la tradicional: ésta se limitaba a la formación de profesores de educación física. Necesitamos promotores y gestores culturales del deporte y eso es en lo cual nos hemos empeñado.

Día-crítica: ¿Qué está pasando con las Universidades que creó la Revolución Bolivariana? ¿Cómo valoras lo que está pasando en la Universidad Bolivariana y en la UNEFA?

Freddy Castillo Castellanos: Es difícil hacer una evaluación de algo que aún no ha arrancado del todo. La prueba de fuego va a estar en este momento: esta nueva etapa del proceso revolucionario en Venezuela va a poner a prueba las capacidades de estas noveles instituciones, de estas jóvenes instituciones como son la Universidad Bolivariana y la Unefa que si bien tiene antecedentes viejos, al fin y al cabo es como universidad nueva y sobre todo como espacio abierto en diversos sitios del país.

Se va a poner a prueba, repito, la capacidad de estas instituciones y sobre todo la capacidad de traducir sus acciones en algo distinto a lo tradicional, de convertirse en algo radicalmente diferente al calco o la versión clonada de las universidades tradicionales.

Yo creo que tiene una gran exigencia la Universidad Bolivariana: sobre todo la Universidad Bolivariana que nació como una idea muy querida del Presidente de la Republica. Debemos ayudarla a que realmente la expectativa creada alrededor de ella se cumpla de la mejor manera. Es cierto que llevan unos cuatro años y han tenido problemas. Ha tenido varios rectores: en este momento creo que tienen el rector de mayor duración. Andrés Eloy Ruiz ha sido el rector que ha durado más allí.
En la UBV hay profesores jóvenes que son un capital importante un patrimonio importante de esa universidad y que pueden producir digamos resultados muy positivos en función de lo que queremos: que la Universidad Bolivariana responda a los requerimientos del país.

El rector Andrés Eloy está dentro de la Asociación de Rectores Bolivarianos que es un espacio donde dialogamos de estos temas y por lo que conozco de él es una persona abierta a la discusión, al diálogo y desde luego a impulsar un concepto de universidad distinta. Andrés Eloy es una persona que de estar sentado aquí, hubiera dicho muchas de las cosas que yo he dicho probablemente con mayor heterodoxia.

Día-Crítica: Qué te parece el ensayo de Misión Cultura respecto a esta nueva integración con los saberes que tiene que ver con el reconocimiento de la experiencia de muchos cultores –aunque es un viejo programa de la Universidad Simón Rodríguez.

Freddy Castillo Castellanos: Ésa es una experiencia interesante. Sin embargo, yo creo que nosotros debemos avanzar mucho más de lo que ya había avanzado la Simón Rodríguez. La Simón Rodríguez había avanzado en el hecho de que apostaba al reconocimiento de unos saberes: de una experiencia que le permitía, por ejemplo, convertir en licenciada en educación, mención animación cultural, a la gran muñequera del estado Portuguesa Zobeida Jiménez. Eso me parece que es muy positivo pero debemos avanzar aún más: debemos avanzar a un cambio conceptual. A mí me gustaría que Zobeida la muñequera, por ejemplo, acreditara a algún universitario. Me gustaría que las comunidades acreditaran a muchos universitarios.

Es por eso que crear una misión para darle el título universitario a quien no lo necesita, es como reproducir un modelo, el universitario, que no es para nada revolucionario en el área de la cultura. Por el contrario, a mí me gustaría que me acreditara una comunidad en materia de narración oral.

A la cultura hay que mantenerla más bien alejada de esos burocratismos curriculares. El capital curricular es muy dañino: yo pienso que de verdad en Venezuela nos hace mucho daño. Hasta nosotros los que nos pretendemos revolucionarios incurrimos en él y nos emocionamos con el título: queremos que todos tengan título, queremos incluirlos a todos porque todos tienen que ser doctores. No, no es así, y hay que decirlo claramente aunque le quitemos un poquito la alfombra a las personas que siguen, de nuestro lado, creyendo en esto.

Día-Crítica: Claro lo que pasa es que allí también ha ocurrido una larga historia de exclusión, de racismo intelectual, y ha afectado mucho a ciertos creadores: a los creadores populares y a aquellos creadores que han estado metidos dentro del mundo intelectual pero que carecen del papelito, del título.

Freddy Castillo Castellanos: Sí, pero ese racismo cultural también ha hecho mella en la apreciación que de ti mismo puedes tener.

El problema reside en la compensación económica: te pago porque tienes título. Con lo que hay que romper es con esa cultura en el Estado venezolano que tiene unos clasificadores de cargo en función de los títulos.

Quiero ponerles un ejemplo: es público y lo puedo hacer público y todavía no me han llamado la atención en ningún organismo de control universitario. Nuestro director, nuestro equivalente a decano en la UNEY, nuestro coordinador académico en el área de diseño integral no es licenciado en nada: Santiago Pol. Yo creo que no es ni bachiller, Santiago.

Día-Crítica: A todos nos ha gustado por ejemplo que el amigo de Mario Silva se llame a sí mismo, con humor, bachiller marginal.

Hay que recordar, también, que Juan Calzadilla hace 30 años fue sacado de la Universidad de Los Andes después de haber creado el primer centro gráfico del país y los primeros estudios en Artes Gráficas a nivel universitario. Fue expulsado de la Universidad cuando descubrieron que no tenía título universitario. Esto sucedió hace 30 años con una persona que hoy es premio nacional de Artes Plásticas.

Freddy Castillo Castellanos: Todo esto se hace en función de un formalismo propio de una oligarquía: se crean unas normas de jerarquía y de admisión para defender una exclusividad en esos centros del poder. Son centros más de poder que de saber.

Es necesario que la universidad se desvista, por entero, de su normativa rígida, de su cultura absolutamente excluyente. Fíjense que para evaluar a los docentes, para ascenderlos o para considerarlos investigadores y darles alguna distinción -incluirlos en el programa de promoción de la investigación y catalogarlos como PPI- nosotros tenemos que revisar una serie de recaudos: esos recaudos implican publicaciones en revistas arbitradas y qué se yo.

Resulta que algunas personas que producen intelectualmente mucho más que estos repetidores de artículos o traductores de artículos publicados en revistas extranjeras, no pueden acceder a esos premios o esas clasificaciones o jerarquías de investigación porque no se les puede valorar, dado que lo que producen es un poema o lo que producen es un ensayo literario y eso no entra en los criterios de clasificación.
Todo esto que no solamente es revelador de la falsa división entre lo humanístico y lo científico en el ámbito académico, es también revelador de una insuficiencia, de una falta de inteligencia.

Día-Crítica: Se trata de un manejo exclusivista, en provecho propio, de los beneficios que produce el estar clasificado como “verdadero” intelectual o como “verdadero” universitario o como “verdadero” investigador. Se trata de mantener el reparto de esa torta entre el menor número de comensales posible.

Freddy Castillo Castellanos: Y eso tiene que cambiar. Voy a dar un ejemplo. Hace poco estábamos haciendo en nuestra universidad una evaluación de docentes a los fines de su inclusión como personal ordinario. Se nos ocurrió lo siguiente: al revisar todo el trabajo y toda la trayectoria de algunos profesores que tenían ya entre 5 y 6 años trabajando con nosotros, se nos ocurrió ir a la biblioteca de la universidad. Es una biblioteca que se ha estado formando en estos años con mucha holgura en la adquisición de buenos libros: es una muy buena biblioteca allá en la región centro occidental. Por cierto, se llama Elisio Jiménez Sierra: un poeta que no se graduó nunca.

Llegamos a la biblioteca y pedimos unos reportes de algo objetivo: cuáles profesores piden libros y qué libros piden; qué profesores recomiendan la adquisición de libros. Nos encontramos que había un profesor que no solamente era el lector, el mayor lector de nuestra biblioteca, sino el mayor recomendador de libros. Y no solamente recomendador: se va a las librerías y solicita los libros; es un gestionador de libros. Este baremo hay que incluirlo para evaluar un docente: dime qué lees y te diré quién eres. Este baremo no lo vas a encontrar en ninguna parte y nosotros lo aplicamos. Así, no solamente incluimos como personal ordinario y ascendimos al profesor Lázaro Álvarez que, por otra parte, tiene un currículo que para qué va a repetir concurso de oposición.

Día-Crítica: Nadie cree en los concursos de oposición donde la camarilla te presenta un candidato por un lado y otro por otro.

Freddy Castillo Castellanos: El concurso de oposición está concebido para la transparencia, concebido para la objetividad: lo que ocurre es que es burlado tradicionalmente por la endogamia universitaria; es burlado por el amiguismo, por “compromiso” político y se convirtió en una excusa para meter nada más a los que escogía la camarilla. Aparte de que es absolutamente no revelador de los conocimientos de nadie: nadie va a demostrar conocimiento en una prueba, en una sola prueba. En cambio, la trayectoria intelectual de una persona esa sí se puede probar objetivamente. Ahí está el indicador que mencionaba antes: qué leemos de verdad.

Día-Crítica: Nos gustaría escuchar tu valoración sobre la Misión Sucre.

Freddy Castillo Castellanos: La Misión Sucre, a mi juicio, es un proyecto renovador, innovador. Sin embargo, creo que no fue bien presentado como tal y quizá para algunos se desvió hacia la profesionalización, hacia el otorgamiento de títulos, de manera tradicional, a un segmento de venezolanos que habían sido excluidos de la educación superior.

Realmente, estaba concebida para manejarse en espacios distintos a los espacios universitarios tradicionales e incluso para ser administrado con una tecnología o metodología educativa diferente a la típica. Estaba dirigido o estaba concebido para aprovechar los avances tecnológicos y usar la verdadera educación a distancia que no es tan a distancia porque, a veces, acerca más que la otra.

El propósito de inclusión de la Misión Sucre debe ir enfáticamente acompañado de la calidad educativa y no sólo a nivel de discurso. La Misión tiene que apoyarse en aquellas instituciones universitarias que están dando muestras de renovación, de innovación y de calidad en su oferta y en su trabajo académico. Si la dejamos sola o en manos de instituciones que no están verdaderamente ganadas para el cambio, puede convertirse en una experiencia frustrante.

Tenemos que partir de algunas bases conceptuales: no tenemos por qué incluir a todo el mundo en la educación superior. Lo que tenemos es que incluir a la educación superior en todo el tejido social. Necesitamos una Misión Sucre que empiece cuestionando incluso eso del otorgamiento mecánico de títulos. Esta sería una Misión Sucre mucho más cónsona con lo que estamos planteando: cambio hacia el socialismo. El modelo del otorgamiento de títulos es un modelo absolutamente superado en un proceso revolucionario. En síntesis, creo que la Misión Sucre debe ser replanteada.

Día-Crítica: Valdría la pena que examináramos los alcances de la Misión Ciencia.

Freddy Castillo Castellanos: Fíjense: uno de los programas de más calidad en su propuesta, en su planteamiento conceptual, es el de la Misión Ciencia. Es uno de los mejores programas que se han propuesto en el en el ámbito educativo venezolano y se ha propuesto desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

La Misión Ciencia es una verdadera bofetada a la concepción exclusivista de la ciencia, al cientificismo, al engreimiento de los institutos científicos y de los cubículos de científicos venezolanos, al dogma. La Misión Ciencia es una apertura del conocimiento hacia esferas donde, también, hay conocimiento, a zonas donde también hay conocimiento, conocimiento científico. La ciencia no la hacen nada más los que usan bata blanca: eso no corresponde a la realidad ni a la ciencia.

La Misión Ciencia permitió poner el dedo en la llaga. Hay que destacar la labor de Rigoberto Lanz: no sólo ha sido uno de los mejores teóricos de la Misión Ciencia sino uno de sus mejores divulgadores. A través de sus artículos y en sus incursiones internáuticas, es un internauta implacable, ha dado una batalla tremenda.

Día-Crítica: Por cierto, quienes han pretendido polemizar con Rigoberto, miembros de las camarillas universitarias, han demostrado una ignorancia tan grande que asombra y abisma.

Freddy Castillo Castellanos: Es cierto. Pero fíjense que hay un hecho que ocurrió en los primeros días en que la Misión estaba saliendo a la calle, a la palestra: Rigoberto recibe un correo electrónico de un PPI de la Universidad Simón Bolívar. En él le dice: está muy bien que el Ministerio de Ciencia y Tecnología proponga la misión ciencia, pero estas cosas deben pensarse mejor. Y continuaba: por cierto, cuántos PPI fueron consultados por ustedes antes de sacar esta misión a la calle. ¡Ah! Entonces lo que quieren es una junta de censores: una junta de censores de los proyectos renovadores. Quieren erigirse no solamente en ufanos portadores de una especie de gracia universitaria, sino también en detentadores de un canon: en legitimadores del conocimiento.

Resulta que el conocimiento, con la Misión Ciencia, está buscando otros centros de legitimación, otros espacios para legitimarse: los mejores conocimientos se legitiman en la práctica, en la realidad cotidiana. La Misión Ciencia está dando un gran aporte: sólo por el hecho de proponerse como tal, ya es un avance; al provocar esas reacciones: esta diciendo que el rey esta desnudo.

Cómo se le ocurre decir a ese profesor: ¿nos consultaron? Si no nos consultaron no se puede sacar la Misión a la calle: eso revela pero perfectamente la ideología académica imperante en Venezuela. Ideología académica que se reproduce, cada día, en la Universidad Simón Bolívar. Universidad que hoy se encuentra, como las otras, de espaldas al país.

Día-Crítica: Es necesario hacerte una pregunta para ir cerrando. A lo largo de esta conversa has hablado de la Universidad Experimental de Yaracuy de la que eres rector fundador. ¿Cómo ha sido la experiencia de crear una universidad nueva?

Freddy Castillo Castellanos: Ha sido una experiencia fascinante. Nunca estuvo en mis planes ser rector de ninguna universidad. Yo era profesor universitario en una Universidad del estado Lara en la UCLA, y tenía una experiencia docente larga: experiencia que había comenzado muy temprano como estudiante. Las primeras clases las di en bachillerato a estudiantes que tenían dos años menos que yo: era un estudiante de derecho y suplía a una profesora de Literatura en quinto año de bachillerato en un liceo de Barquisimeto, noble liceo, llamado Liceo Rafael Villavicencio.

Después ejercí ya como docente en el colegio universitario Fermín Toro en Barquisimeto y en la Universidad Centrooccidental. Pero no tenía ninguna, pero ninguna intención de hacer carrera académica y menos aún de ser rector. Se dieron unas circunstancias afortunadas, no voy a relatarlas en este momento, que me pusieron allí, no solamente como rector sino sobre todo, que es lo apasionante, a pensar una universidad: a pensar la universidad junto con otras personas. Quiero decir que se trata de un equipo que ha estado pensando la universidad desde el proyecto, desde el anteproyecto, y que la sigue pensando cotidiana y diariamente después de ocho años de haber sido creada.

Me tocó, entonces, esa cosa fascinante de fundar una universidad pequeña que, por cierto, no tiene pretensiones de ser muy grande. Una universidad pequeña en una ciudad muy pequeña en un estado muy pequeño del país como es el estado Yaracuy: uno de los estados más pequeños de Venezuela y uno de los estados con menor población. Apenas supera los 500 mil habitantes y San Felipe, su capital, es una ciudad que no llega a los 200 mil. Eso es una ventaja y una desventaja, pero las ventajas hay que aprovecharlas. La ventaja es el bajo perfil: puedes comenzar a hacer cosas distintas a lo tradicional, distintas a lo convencional, distintas a lo canónico, con más libertad. Ha sido una gran experiencia la creación, fundación y consolidación de este proyecto absolutamente innovador, para el cual no hay diferencia entre humanidades y ciencias. Es un proyecto humanístico desde las ciencias, las humanidades tradicionales o la técnica. Un proyecto que no tiene por actividad central lo administrativo: no tiene vicerrector administrativo. Su actividad central es lo académico, el conocimiento. Un proyecto que empezó incluso con carreras absolutamente no vendibles. Quiero decir: no comerciales, carreras que no existían. Creamos una universidad con una carrera llamada Ciencia y Cultura de la Alimentación y otra llamada Ciencias del Deporte: una universidad que no tiene las carreras tradicionales.

Es fascinante fundar innovando y a contracorriente más fascinante aún. Tuvimos la ventaja, insisto, de hacerlo con bajo perfil: no siendo muy mirados por la gente. Desde luego hemos tenido inconvenientes pero, también, hemos tenido grandes colaboradores. En cuanto a los inconvenientes tuvimos tensiones políticas con un gobernador. Mejor dicho: tuvimos una tensión política tremenda con el gobernador Eduardo Lapi casi desde el comienzo de la creación de nuestra universidad. Eso lo solventamos de la mejor manera y terminó solventándolo el pueblo de Yaracuy de modo más contundente.

Pero hemos tenido grandes apoyos. Tuvimos un excelente apoyo de Héctor Navarro, sí, que es una persona a la que debemos invocar acá como uno de los verdaderos auspiciadores de estos cambios en la universidad venezolana y también, hay que decirlo, contamos con el apoyo resuelto de Luis Fuenmayor Toro. Todo esto ha significado, para nosotros, la posibilidad de seguir apostando por esta propuesta renovadora, innovadora, que todavía no ha llegado a su consolidación definitiva. Necesitamos hacer muchas cosas que están aún pendientes y, sobre todo, difundirlas.

Día-Crítica: Ojalá que no se consolide nunca.

Freddy Castillo Castellanos: Ojalá que no se consolide: eso está bien, es verdad, que viva en revolución permanente.

Día-Crítica: Finalmente, y apelando al poeta que eres, ¿cómo te ha ayudado la poesía en el proceso de creación y construcción de la UNEY?

Freddy Castillo Castellanos: La poesía es lo que más me ha ayudado. Fíjate que cuando comenzamos a discutir el proyecto de la universidad, participábamos en reuniones con un equipo integrado por algunos políticos, por algunos técnicos asesores en materia curricular, expertos en el tema universitario. Hubo un momento en que una de las personas que formaba parte de ese equipo a quien le tocaba, incluso tomar, decisiones de carácter político dijo: pero ¡un momentico! ustedes como que están haciendo una cosa distinta. Recuérdense que ustedes están haciendo una universidad: me da la impresión de que ustedes lo que están haciendo es poesía. Entonces, le respondí de inmediato y le dije: ¡pero es que te vienes a dar cuenta ahora! Lo que estamos haciendo efectivamente es poesía: en el sentido griego del vocablo poiesis. Estamos construyendo, estamos haciendo: estamos haciendo el trabajo de hacedor por decirlo redundantemente y eso se llama poiesis en griego, poesía.

En la medida en que hacíamos el trabajo técnico de buscar cómo armar un curriculum, cómo expresar mejor los perfiles de las carreras que nos proponíamos, no abandonábamos nuestra actividad cotidiana que consistía en seguirle dando vida a un taller de poesía, de lectura de poesía. En las mañanas y en las tardes trabajábamos en el proyecto de creación de la universidad y en las noches nos íbamos a la Casa de las Letras Antonio Arráiz para leer poesía, mucha poesía. Entonces, mucha lectura de poesía está metida en este proyecto y, por supuesto, sustentando, alimentando, nuestro trabajo cotidiano.

Yo me he sentido más y mejor lector de poesía en estos años del rectorado en la UNEY. Es más: cada vez que tengo alguna cosa que no encuentro cómo resolverla en el momento acudo a la poesía y la poesía me la resuelve; encuentro la respuesta en el primer poeta que encuentre, por fortuna uno está acompañado de libros, de libros que valen la pena. La UNEY es una universidad de la poesía y además nació en un taller literario que era, fundamentalmente, de poesía.

 
       

 

 

 

 
 
 
 

 

 

 

 
 

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