En el foro Situación Agroalimentaria Mundial

Francisco Arias Milla: “Es grave que sea más rentable

producir energéticos que producir alimentos”

 
   
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Todos los ponentes coincidieron en la importancia de comer lo que se produce en nuestra tierra  
   

(Prensa UNEY-Anairene Asuaje).- Diversos temas en torno a la soberanía alimentaria y el aprovechamiento de nuestros productos gastronómicos, fueron abordados por los especialistas: Francisco Arias Milla, Juan Alonso Molina y Oswaldo Parra, en el foro Situación Agroalimentaria Mundial y su impacto en Venezuela, organizado por el movimiento estudiantil LEUC21 de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY).

El rector de esta casa de estudios, Freddy Castillo Castellanos fue el encargado de instalar el acto frente a un numeroso público conformado por estudiantes y docentes del pregrado Ciencia y Cultura de la Alimentación. Para el rector, la soberanía alimentaria es un asunto prioritario para cualquier país del mundo, que debe ser un tema permanente de reflexión, más aún en la UNEY, al representar la razón de ser de la carrera vinculada a la alimentación. Señaló que el problema alimentario más grande que se vive hoy en día es el hambre, producto de situaciones, no sólo económicas o políticas, sino culturales, que empezaron a salir a la luz pública gracias al estudio profundo del autor brasilero José De Castro, apegado a principios sociales, con una visión integral de la alimentación.

El historiador y profesor de la UNEY, Juan Alonso Molina inició las ponencias con “Cocina venezolana: Ventajas y retos dentro del contexto actual”. Para empezar, acotó que no puede referirse a una sola cocina venezolana, sino a las cocinas venezolanas, puesto que por las dimensiones y variabilidad ecológica del país, no se puede tener una cocina homogénea, y en consecuencia, no se puede hablar de “cocina nacional”, sino de “cocinas regionales”, según su entorno, historia y evolución del intercambio comercial agroalimentario. Sin embargo, hace énfasis en un problema frecuente que está conllevando a que las cocinas urbanas se parezcan cada vez más: la uniformidad de los mercados, al ofrecer los mismos productos, de acuerdo con estándares internacionales, haciéndonos perder identidad.

Clasificó la cocina como rural, urbana y profesional, indicando que la primera es la más importante por ser patrimonio gastronómico donde conviven materias primas con un valor cultural agregado. Insiste en que la cocina profesional debe ser más honesta y descarnada, tomando en cuenta lo tradicional y popular, y no sólo las influencias de afuera. Instó a comer lo que se produce en la tierra, aprovechar la cantidad de recursos que proporcionan los suelos venezolanos, con orgullo, sin complejos ni pretensiones.

El también docente de la UNEY, Oswaldo Parra, presentó la charla “El hambre del desconocimiento”, motivando al acercamiento a la cultura alimentaria para evitar consumir grandes cantidades energéticas y calóricas, incluidas en la cesta de alimentación actual, sin contener valores nutritivos, colaborando así con el mantenimiento de un hambre oculta.

Parra estimó diversos aspectos importantes, suscitados en la UNEY para ese acercamiento a la cultura aliementaria: Trabajos realizados por algunos estudiantes de Ciencia y Cultura de la Alimentación sobre la tradición gastronómica de algunas localidades como Veroes, donde llevan un régimen basado en los productos de la tierra. También estudios del Centro de Investigaciones Gastronómicas (CIG) como el desarrollo de diversos productos (sarrapia, lau lau, merey), creando platos que mejoran la ingesta alimentaria. Y apuntó la literatura como una importante vía para conocer diversos productos.

Según el profesor, no podemos olvidar lo que somos, ni propiciar un rescate de ello, porque se mantiene vivo. Lo oportuno es promoverlo, difundirlo para que la mayoría lo conozca.

Entretanto, Francisco Arias Milla, representante de la Food and Agriculture Organization (FAO) en Venezuela, abordó diferentes puntos que explican el alza vertiginosa del precio de los alimentos, comenzando por la subida del precio del petróleo, puesto que al incrementarse, igualmente se incrementa el costo del combustible para la producción, transporte, almacenamiento, y en consecuencia, del producto final.

Asimismo, atribuye el alza de precios, al uso de alimentos para la producción de etanol y otros biocombustibles –como es el caso de la caña de azúcar en Brasil y el maíz en Estados Unidos-, en vista de que resulta más rentable producir energéticos que alimentos, hecho que señala como “grave” en el panorama mundial, al perder tradiciones y nutrientes fundamentales.

También resaltó otros elementos: especulación, políticas socioeconómicas sesgadas, donde el productor es el que menos ganancia recibe; la falta de infraestructura de mercado en zonas rurales, la prohibición de exportación, el alza de impuestos, y algunos eventos climáticos.

Sin embargo, afirma que la crisis alimentaria en América Latina no es tan grave como en África y algunas partes de Asia, pero debemos estar atentos de aproximarnos a sus índices de malnutrición, poco acceso a los medios de producción y vulnerabilidad a la seguridad alimentaria.

Ante estas situaciones, la FAO ofrece: Asistir a productores con el acceso a los recursos como agua, tierra, tecnología e insumos; a los gobiernos para el desarrollo de políticas y programas, ofrecer información y conferencias sobre la seguridad alimentaria mundial. “La intención de mi charla no es solucionar los problemas, sino despertar el interés en el tema”, concluyó.

 

Descargue aquí la ponencia de Francisco Arias Milla, representante de la Food and Agriculture Organization (FAO) en Venezuela

 

 

 
   
 
       

 

 

 
 
 
 

 

 
 

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