(Prensa UNEY. Sazkia Montagna).- La más reciente película de Olivier Dahan, La vida en Rosa, se proyectará este miércoles 30 de abril en la doble función que el Cineclub En Construcción ha dispuesto para su asiduo público que le visita a las 3 de la tarde en la sala de audiovisuales de la UNEY y a las 6:00 p.m. en el Museo Carmelo Fernández de San Felipe. Ambos espacios son totalmente gratuitos.
Sensible frente a la vida de Edith Piaff, quien precisamente no tuvo una vida color de rosa, el director francés decidió asumir su biografía y producir una completa película que mereció nominaciones y premios de la Academia. El papel de Edith lo interpretó magistralmente Marion Cotillard, quien logró dar vida a la reconocida intérprete.
Édith Giovanna Gassion (su verdadero nombre), nació en una calle parisina, según la leyenda debajo de una farola. Lo que es rigurosamente cierto es que sus padres, un acróbata y una cantante ambulante que vivían en la indigencia, se desentendieron de ella. Finalmente quedó al cuidado de su abuela paterna, que regentaba un prostíbulo, donde creció rodeada de depravación, como se muestra en la película, que acierta en los pasajes en los que describe la relación maternal con una de las meretrices, interpretada por Emmanuelle Seigner.
A mediados de los años 30, la descubre cantando en la calle el gerente de un cabaret de moda, un tal Louis Leplée, breve papel con el que se luce en la película Géradr Depardieu. Éste la contrata para su local, y le sugirió que apareciera con el nombre artístico de 'la môme piaf' (la niña gorrión), por su baja estatura y porque su voz le recordaba a un pájaro cantor. A partir de allí, Édith se convierte en toda una leyenda de la canción.
En el film, Dahan se muestra como un director imaginativo que logra reconstruir la época, y por si fuera poco, resulta una gozada para el oído escuchar las mejores canciones de la protagonista en su versión original.
Para Oliver Dahan, la clave del éxito de Edith Piaff reside en su fuerza de voluntad. "No creo en el artista atormentado. No pienso que ser desgraciado sea un requisito imprescindible para ser grandes artistas. Por el contrario, hay que hacer todo lo posible para no ser desgraciados. Como todo el mundo, Edith Piaff tuvo momentos felices, incluso cuando menos se lo esperaba. Pero ella sacaba fuerzas de flaqueza incluso cuando su cuerpo se iba consumiendo. Incluso en su declive, usaba su tenacidad para lograr cantar como nunca lo había hecho antes", explica Dahan, que se documentó exhaustivamente para escribir el guión.
Aunque leyó todas las biografías y las cartas escritas por Edith Piaff, curiosamente no quiso entrevistarse con las personas que conocieron a la artista. "Un día, Ginou Richer, que había sido su mejor amiga durante veinte años, se puso en contacto conmigo. Le envié el guión, pensando que sería un verdadero examen. Me llamó por teléfono para decirme que no me había equivocado acerca del personaje", comenta el director.
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