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Con Doctorado Honoris Causa
En su aniversario la UNEY honra a tres “hijos de la tierra”
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| Jorge Pocaterra, Gustavo Pereira y Esteban Emilio Mosonyi, los doctores Honoris Causa |
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(Prensa UNEY-Anairene Asuaje).- El décimo aniversario de la Universidad Nacional Experimental del Yaracuy (UNEY) hizo que Yaracuy se convirtiera en la capital de la Diversidad Cultural al conferirle el Doctorado Honoris Causa a tres importantes figuras: Esteban Emilio Mosonyi, Gustavo Pereira y Jorge Pocaterra en un emotivo acto, como principal actividad aniversaria.
El rector de la UNEY, Freddy Castillo Castellanos, el vicerrector José Luis Najul, el secretario general, Carlos Gazuí y los coordinadores de los espacios académicos Ciencia y Cultura de la Alimentación, Ciencias del Deporte y Diseño Integral, Anabel López, Frank Gutiérrez y Santiago Pol, respectivamente, presidieron el acto académico como autoridades de esta casa de estudios.
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| Esteban Emilio Mosonyi recibiendo su doctorado |
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El destacado antropólogo Esteban Emilio Mosonyi fue el primero en recibir el doctorado por su notable trabajo y significativos estudios para la enseñanza y defensa de las lenguas indígenas, y su lucha por la liberación cultural. El profesor Victor Rago fue el encargado de presentar a Mosonyi con una particular lectura de su vida y obra, resaltando que en su natural vocación de antropólogo, demuestra que tiene una cuota óptima de “criollidad”. Mencionó su importante trabajo investigativo en los estudios antropológicos y lingüísticos en el país, y afirmó que se trata de un venezolano de excepción, y que la UNEY hace muy bien en recordárselo al país con este reconocimiento.
Seguidamente, con la emoción desbordada, Mosonyi agradeció eufórico a la UNEY por su doctorado, asegurando que seguirá esa misma línea de investigación y de vida, sin descuidar un ápice, e invitó a todos los presentes a ser propulsores y defensores de su propia cultura sin dejar de ser venezolanos universales.
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| Un poeta entrega doctorado a otro poeta |
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El rector tomó la palabra para la presentación del segundo doctorando: Gustavo Pereira por su brillante trayectoria como poeta y docente universitario, entre cuyos trabajos más reconocidos se encuentra la redacción del preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999.
Más de medio siglo escribiendo poesía, sin dejar de hacerlo jamás y su capacidad para mantenerse como un poeta contemporáneo que no se deja vencer por modas ni desidias fueron aspectos que el rector explicó con vehemencia, afirmando a la vez que Pereira es de esos escritores que cada día escriben mejor. En la presentación relató cómo sintió que la poesía iluminaba un nuevo espacio justo cuando terminó de leer al país su preámbulo de la Constitución, cómo Pereira, con un seudónimo acaparó atención y premios, cómo lo nombraron uno de los pocos indios blancos del país gracias a sus propuestas en dicha Constitución. Además, subrayó su desempeño académico como hombre universitario capaz de cumplir con trabajos cargados de contenido intelectual y no sólo de una pretensión de ascenso como lo hizo con Historia del paraíso, donde demostró su dignidad de poeta y su riqueza ética.
Pereira, con su tono pausado no ocultó su emoción al manifestar sentirse honrado en modo triple: Primero, por ser homenajeado en la universidad de la cultura, cuyo rector es un poeta. Luego, por recibir este doctorado junto con Mosonyi y Pocaterra, dos personas que ha admirado toda la vida; y tercero, por la presencia de tantas personas, especialmente muchos de sus amigos más cercanos que vinieron de otras ciudades. “Este reconocimiento compensa cualquier ambición del corazón”, expresó mientras regalaba una última palabra: “Iñami”, para declarar una simbiosis entre alegría y amistad en un gran momento de gratitud.
Luego volvió al podium Mosonyi, esta vez para hacer la introducción del tercer doctorando: Jorge Pocaterra, digno representante de la etnia wayuu quien trabaja inquebrantablemente por el rescate de las lenguas indígenas y el reconocimiento de la interculturalidad, traductor de la misma Constitución del 99 a la lengua wayuunaiki, señalando que fue una verdadera hazaña, una tarea titánica por la riqueza gramatical y verbal.
Calificó su labor como ecuménica, afirmando que lo único que le falta es irse a otro planeta con la seguridad de que, en cuanto se pueda, lo hará. Lo describió como figura clave del despertar indígena cuando el resto de la humanidad los consideraba una página cerrada.
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| Un discurso muy sentido pronunció Pocaterra en español y wayuunaiki |
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Al respecto, enfatizó sobre el necesario reconocimiento que merecen los indígenas, aseverando que sin el aporte de estos pueblos hubiera sido imposible sobrevivir, y que es esencial para que el planeta no se hunda. “No hay nada más abominable que arremeter contra los indios después de todo lo que el mundo les debe, de pasar por etnocidios aún y cuando son comunidades plenamente solidarias que no albergan odio ni resentimiento”, expresó antes de concluir. “Nuestra revolución se hará con pleno reconocimiento de las etnias indígenas, o no habrá ninguna revolución”, seguido de una enorme ovación que le ofrecieron, siendo la antesala al discurso de Jorge Pocaterra.
Pronunció sus primeras palabras en wayuunaiki y luego, en español agradeció a los que hablan, sueñan, saben mirar a otros y parten de su identidad. Agradeció enormemente a la UNEY por hacer que un hijo de la guajira reciba esta distinción académica, que hizo extensiva a los pueblos indígenas como un reconocimiento a la diversidad cultural.
Celebró el compromiso que sintió en la UNEY hacia la interculturalidad en todo y para todos, animando a otros centros educativos a luchar por construir una Venezuela multiétnica y pluricultural con pedagogía indígena. “Debemos superar los problemas de racismo e individualismo con responsabilidad. No hay superioridad entre hombres y plantas porque todos somos hijos de la tierra y esa filosofía debe estar presente en toda la educación”, expresó para despedirse anunciando que dedicada su doctorado al magisterio wayuu.
Castillo Castellanos cerró el acto indicando que en sus diez años, la UNEY “se honra de honrar” a estos tres venezolanos esenciales como mejor manera de celebrar su aniversario, en esa búsqueda de la ruptura de modelos de universidades cerradas, superándolos con solidaridad social y eventos de este tipo.
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